Los niños no se tocan

El artículo 11 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre y su remisión a la Ley 3/2015 de 30 de marzo, establecen que, para ser ministro, se requiere, además de ser español, mayor de edad, disfrutar de los derechos de sufragio activo y pasivo, no estar inhabilitado para ejercer empleo o cargo público por sentencia judicial firme, reunir los requisitos de honorabilidad, la debida formación y experiencia en la materia y el cumplimiento de sus obligaciones.

Hete aquí con una jovencita que, una vez terminada su carrera de psicología en 2011, tras su máster en psicología en la educación en 2013 y una experiencia laboral inferior a un año como empleada en una empresa de electrodomésticos, ingresó en Podemos, donde comenzó un vertiginoso proceso de escalada gracias a su relación con el mandatario del partido. En 2020, el marido, reivindicó para su esposa de treinta y un años, la creación de un ministerio de nueva hornada, hecho a su medida, como condición para posibilitar la gobernabilidad del actual presidente. Es más que probable que, si no fuera por lo que tanto grita (esto es, haber logrado su cargo por ser Señora de) sería una seria candidata a engrosar las listas del inadmisible paro juvenil que asola a nuestro país.

Su ministerio lleva gastados mil millones de euros desde que lo dirige y acaba de pedir otros ciento cuarenta millones más (de esos que pagamos todos y que tanta falta nos hacen) para sus desmanes y desabríos. El espacio de este artículo no sería suficiente siquiera para su enumeración. Por ello, centremos el foco de atención.

El pasado 21 de septiembre, en el Congreso de los Diputados, durante el desarrollo de la Comisión de igualdad, dijo textualmente: “Los niños tienen derecho a tener relaciones sexuales con quienes les dé la gana si el niño presta el consentimiento”. Lo que dijo, es exactamente lo aquí transcrito.

El término “niño” comprende la horquilla entre los cero hasta los dieciocho años. Por otro lado, es sabido que solo se puede prestar lo que se tiene. Un niño carece de la capacidad de consentir, por lo que su consentimiento no puede ser prestado.

La Convención del niño de Nueva York de 1989 (art. 34), ratificado por España, la Directiva de 2011 de la Unión Europea, entre otros, establecen la edad por debajo de la cual está prohibido tener relaciones con menores (en España, los dieciséis años). Nuestro Ordenamiento jurídico, en el Código Civil, en su artículo 159, fija la institución de la patria potestad, ostentada por los padres, quienes son los representantes de los menores a todos los efectos y en todos los ámbitos. Nuestro Código Penal, en su artículo 181, determina los conceptos jurídicos de libertad sexual e indemnidad sexual. En base a lo anterior, toda relación sexual con un menor de dieciséis años ES DELITO.

La Fiscalía, ante esta aberración, no ha movido ficha, como era de esperar, incumpliendo de nuevo con su obligación. ¿Qué podemos prever de un Órgano conquistado por el Gobierno?

Estamos asistiendo atónitos al asalto al Poder Judicial y aquí no se mueve nadie. Nos encontramos ante el mayor despilfarro de la historia de lo que no tenemos y no se dice ni pío. La mayoría de las normas dictadas en los últimos años vulneran flagrantemente nuestros derechos fundamentales constitucionalmente salvaguardados y, ¡a tragar! Todo se remite a una discusión porteril entre ignorantes tertulianos televisivos sobre si eres de derechas o de izquierdas. Esto no tiene nada que ver con los colores o las tendencias, meras tapaderas para el enfrentamiento y la distracción de lo importante. Y uno de nuestros sagrados pilares se fundamenta en que “a los niños no nos los toca nadie”.

En Navarra ya se ha lanzado el programa piloto de incluir en la educación los juegos eróticos infantiles a los menores entre cero y seis años para “crecer en igualdad, combatir la violencia contra las mujeres, defender el respeto a las identidades, culturas, sexualidades y diversidad”.

La manipulación ideológica del menor es el acto más execrable que han venido utilizando a lo largo de la historia las dictaduras. Usar a quien no tiene capacidad de defenderse como objetivo para el logro de abyectos fines personales es algo que sobrepasa el límite de lo admisible. Estos niños de ahora son quienes van a dirigir el mundo mañana. Estamos hablando del legado de lo humano. Es nuestra obligación defenderlos y formarlos para que aprendan a regentar sus vidas, a vivir libres, prósperos y felices, a que nadie ose a manipularlos cuando sean mayores. Es lo que vamos a dejar aquí cuando no estemos, a valientes defensores del orden cósmico.

Es nuestra obligación como padres, hermanos, educadores, (no digamos los fiscales, que lo tienen como principal compromiso) abogados, jueces, psicólogos  o ciudadanos, la defensa a ultranza del menor ante esta aberración con tintes de ideología psicopática.