Los esclavos negros que trabajaron en la casa de la Moneda

Un nombre: Felipe II, rey que fue de Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Portugal, soberano de los Países Bajos, rey de Inglaterra e Irlanda por su matrimonio con María I… el mismo que, en el siglo XVI, mandó construir el Real Ingenio de la Casa de la Moneda de Segovia y el mismo, también, que a través de su criado y su platero de oro, el alemán Hanz Belta, a cuyo cargo estaban los oficiales que trabajaban en ‘la empresa estatal’, dio la orden/encargo de comprar nueve esclavos para el servicio de la fábrica: ‘personas con capacidad plena para el trabajo’.

Es de este tema del que se escribe a continuación y al que no le faltan ‘recovecos’ en su ‘tramitación’ ni tuvo un final feliz.

Recibida la orden, Balta (o Valta) pasó por ‘caja’ para recibir medios económicos y poder realizar el viaje a Portugal. Fue el teniente tesorero quien, cumpliendo órdenes, entregó plata de la que había para acuñar moneda y emprendió viaje. Entre su salida de Segovia y el regreso a la ciudad con el encargo cumplido consumió el viajero 94 días.

Podría parecer fácil la contratación de esclavos en aquellos tiempos. Pero no lo era. Sí lo había sido en los dos siglos anteriores, pero ahora escaseaban. Si viajó a Portugal fue porque, dentro de la ‘escasez’, era donde aún había ‘mercado de esclavos’. Las gestiones no fueron fáciles. Todos los que buscaba se encontraban ya al servicio de otros patronos, por lo que el coste del regateo con estos fue exigente.

Completada la compra el montante del coste total fue cercano al medio millón de maravedís, con una media de 80,64 ducados por esclavo, antes de impuestos. Después llegaba a 137. Las edades de los ‘comprados’, procedentes del Congo, oscilaban entre los 16 y los 24 años. En el montante total entra el viaje en carreta Lisboa-Segovia, comida y vestido. Teniendo en consideración también, en orden a lo económico, que –dado que la compra/venta estaba legalizada-, había que pagar impuesto por ello a la Hacienda Pública. El comprador/gestor y colaborador del rey percibió salarios por 95.500 maravedís.

Los esclavos comenzaron a trabajar en el Real Ingenio, pero… diez años después Balta (o Valta), es requerido por la justicia ordinaria para conocer el paradero de los esclavos. El susodicho declaró que cinco de ellos habían muerto de distintas enfermedades y falta de aclimatación. Su muerte se pudo determinar por figurar en las iglesias donde fueron enterrados. Ante la situación, fue el propio rey dio orden de deshacerse de los otros cuatro mediante venta. Tres, incluso, se vendieron por encima de los que habían pagado en su compra. Uno había huido y fue encontrado en Salamanca al servicio de un capitán. Pagó al Ingenio 800 reales por él (1).

Y es que la historia tiene cada historia… por eso es saludable conocer la historia.

Más sobre el Ingenio
Cuando la Casa de la Moneda dejó de acuñar moneda –el cierre definitivo de la Fábrica fue en 1869-, desde el Ministerio de Hacienda se intentó vender, a cualquier precio, después de que las subastas quedaran desiertas, todo aquello susceptible de ‘entregar’ dinero a las arcas públicas. Entre lo que se puso a la venta estaban las máquinas de ‘volantes’ –las que se intentó vender como ‘metal viejo’ a una casa de de antigüedades extranjera, sin tener en cuenta para nada su mérito artístico-, y a lo que Ramón Depret, vicepresidente de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, se opuso, pidiendo fueran trasladadas al Museo Provincial. Lo consiguió.

La prensa de volante, comenzó a utilizarse en el Real Ingenio de Segovia en 1772. El referido modelo había sido introducido en España por la nueva casa Real de los Borbones. Hasta ese momento la acuñación se había realizado a través de rodillo. Los ingenios hidráulicos se quedaron solamente para laminar cobre.

La ‘Paz’ en la Catedral
Sepan que la obra del altar mayor de la Catedral, diseño del arquitecto/coronel Francisco Sabatini, fue un regalo de Carlos III, siendo su coste de dos millones de reales. En ese mismo recinto catedralicio, año 1770, fue recubierta de plata la imagen de la Virgen de la Paz (2). El trabajo fue realizado por los plateros Antonio y Fabio Vendetti, padre e hijo. Para su trabajo utilizaron algo más de seis kilos de plata.

La silla o trono donde se ubica la imagen fue realizada, en 1658, por los también plateros toledanos, madrileños de adopción, Rafael González y Juan Vergara. Obra en la que emplearon 36 kilos del noble metal. Y la plata in illo témpore no estaba al precio del melón. Por ejemplo. El orfebre que realizó las coronas de la imagen y del niño, fue Rafael González Sobera.

En el devenir de la historia de la imagen queda que ésta perteneció a Fernando III ‘El Santo’ (2), quien la llevaba en sus campañas durante la Reconquista. Cuandó ‘llegó a Enrique IV, éste debió considerar que un buen lugar para la imagen sería la Catedral, que en aquel tiempo se situaba en la Plaza del Alcázar. La referida imagen fue entronada (de entronizar) en el altar mayor (3).

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(1) La mayoría de los datos descritos se encuentran en el Archivo General de Simancas, Contaduría Mayor de Cuentas.

(2) Fernando III ‘El Santo’ se casó dos veces. Con la primera, Beatriz Suabia, tuvo diez hijos; con la segunda, Juana de Ponthieu, cinco. Y tiempo tuvo aún de emprender la Reconquista y ‘casi’ acabarla.

(3) Durante el asedio al Alcázar –guerra de las Comunidades-, hubo fuego cruzado entre los de aquí y los de la Catedral Vieja. Aquellos, aprovechando una oscura noche salieron de la fortaleza algunos defensores, fueron a la Catedral y recogieron la imagen de la Virgen de la Paz y un Santo Cristo. Cuando se acabó el tiempo de las balas el alcaide entregó las imágenes al obispado. Estas fueron trasladadas al Convento de Santa Clara y cuando la Catedral estuvo, ahí se llevaron. Dixit, José Losañez en ‘El Alcázar de Segovia’.

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