Los efesios

“Heráclito cedió el reino a su hermano, y a los efesios que le reprochaban que pasase el tiempo jugando con los niños en el templo les dijo: ¿No vale más hacer esto que gobernar los asuntos con vosotros?”.

Son palabras recogidas de los inconmensurables ‘Ensayos’ de Michel de Montaigne, mi escritor de cabecera junto con Marco Aurelio. Pido excusas a los lectores por la falta de criterio al empezar un artículo con una cita ajena. Don Quijote le reprochaba a Sancho estar continuamente hablando con palabras no propias, pero quienes andamos escasos de luces nos vemos obligados a robar el raciocinio a otros más esclarecidos que nosotros.

Nunca deja de sorprenderme la naturaleza humana. O mejor, nunca dejaré de sorprenderme de mi propia naturaleza creyendo en lo mejor de la naturaleza humana. No hace falta mirar lejos. Ahí están, abandonando al patrón del barco quienes hace tan solo unos días alababan su destreza en el timón o, cuanto menos, sentían orear el viento en su cara sentados plácidamente en la cubierta.

Es esta la cuita de un club, me digo. Allá sus socios con sus particulares aflicciones. Pero no. Me interesa más la naturaleza humana; observar que por más que pasen los años, las décadas, los siglos o incluso los milenios la pasta de la que está hecha el ser humano poco cambia en sus relaciones con los demás y, sobre todo y ante todo, al encontrarse frente a frente con su propio ego.

El español es de las pocas lenguas del mundo que diferencian fidelidad y lealtad. Pero en política se difuminan escandalosamente sus márgenes. La política es el camino más corto para satisfacer el ansia de poder que el ser humano esconde tras de sí. Iguala a mediocres y a brillantes, a sabios y a necios. Por lo tanto, es el mejor espejo para reflejar las flaquezas del espíritu y las deficiencias de la carne. Ver a quienes se desgañitaban en fervor hace unas horas quemar en público escarnio al otrora objeto de fanática adhesión me parece un espectáculo bochornoso en lo social y paupérrimo en lo moral.

Elevarse sobre el barro no evita la mancha, porque su alcance es inmenso

Como director de un periódico comprenderán ustedes que me debo al silencio de conversaciones, de innumerables confidencias, de muchas frases que comenzaban con “Pablo dice…”, “Pablo piensa…”. A mí me da igual Pablo que Isabel, Teodoro que Alberto. Pero en ocasiones elevarse sobre el barro no evita la mancha, porque su alcance es inmenso.

No he podido dejar de pensar estos días en el libro de Cayetana Álvarez de ToledoPolíticamente indeseable’. Ella criticó a la dirección de partido y nadie la apoyó; pocos de su grupo parlamentario tuvieron hacia ella palabras de consuelo. La arrinconaron. Se aprestaron a ocupar el puesto que quedaba vacante. Hoy son ellos quienes abandonan el barco, como dije. Apostillarán que las circunstancias han cambiado; las circunstancias; no su miedo, no su interés, no su ambición.

Consuetudine vilescunt decían los romanos. El roce envilece. Cómo no. Los españoles, más optimistas, apostillamos: el roce hace el cariño. Ahí están. El roce y el cariño. Qué fina frontera entre ambas. Una línea que se ensalza con la lealtad y se empozoña con el interés. ¡Qué difícil es predecir ambas cuando somos los actores de la función!

Creo que uno de los problemas actuales de España es que la política lo invade todo a falta de una sociedad civil potente. No la política entendida como lo hacía Aristóteles —el interés por los asuntos de la polis— sino la de baja estofa, la que se manumite en los intereses de los partidos o de los políticos de los partidos.

Cuántas veces recuerdo en estos casos las palabras de Estanislao Figueras: “Señores, voy a serles franco, estoy hasta los cojones de nosotros”. Y el primer presidente de la I República se fue al exilio. Exilio exterior que bien puede ser interior, que en esto la geografía es pura anécdota.

Mañueco no apoyó en su día a Pablo Casado, que lo hizo por Soraya Sáenz de Santamaría

Como no puedo dejar de ser periodista en un pispás, y me afecta las cosas de mi comunidad más cercana, después de merodear un ratín por la naturaleza humana me pregunto qué va a pasar en Castilla y León después de esta movida. En qué situación queda ahora Alfonso Fernández Mañueco. Mañueco no apoyó en su día a Pablo Casado, que lo hizo por Soraya Sáenz de Santamaría. Hasta hace un año la situación no difería de la del punto de partida. El triunfo de Díaz Ayuso en Madrid y la moción de Luis Tudanca crearon dos cooperadores necesarios. Casado tomó hace unos días posición en contra de un pacto con Vox. El candidato pareció seguir la estela después de algunos titubeos. Él si puede lucir un buen argumento: “quien me metió en esto ya no va estar. Quedo sin ataduras”. Escarceo en lo posible. La suerte parece echada.

Bueno será conocer lo que en esta coyuntura diferente piensa Vox, y si prefiere echar un pulso ahora a esperar las próximas elecciones. Pedro Sánchez es el mago del birlibirloque. ¿Imaginan que le da por convocar unas elecciones anticipadas aprovechando que el Eresma pasa por Segovia?