Lo que Sánchez tiene pendiente (que es mucho)

El atracón dominical de periódicos te lleva a la conclusión de que parece que el enorme dislate del ‘catalangate’, que se intentó irresponsablemente tapar con un ‘moncloagate’, se ha diluido sin que apenas haya habido que pagar otro precio que el cese de la directora de los servicios secretos. Y, si acaso, una pequeña rencilla entre el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, que no ha tenido precisamente una actuación muy lucida en este ‘affaire’, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, que tampoco mucho. Pero te insisten en que Sánchez mantendrá este elenco ministerial, sin más cortes de cabezas, durante toda la Legislatura. Incluyendo a las ‘ministras de Podemos’, que son una pesadilla. Y que piensa presentarse a las elecciones de 2023 y ganarlas. Veremos. Porque primero tiene por delante algunos ‘trabajillos’.

De los espionajes del CNI a independentistas catalanes Sánchez ha salido poniéndose de perfil, tratando de convencernos de la absurda falsía de que el Gobierno desconoce a quién vigilan los servicios secretos oficiales. Del presunto espionaje sufrido por él mismo y por un par de ministros que se aborrecen entre ellos (Robles y el titular de Interior, Grande-Marlaska), un hecho del que todos culpan, sin pruebas pero con lógica, a los servicios marroquíes, Sánchez, simplemente, no ha salido: silencio al respecto y a esperar a que escampe. Él sabe que en España pronto se olvidan esos asuntos que suscitaron enormes polvaredas, entre otras cosas porque otra cuestión más espectacular y polémica viene pronto, ay, a sustituirla.

Pero ahora tendrá que comparecer ante el Parlamento y responder, o tratar de evadirlas, a las preguntas lógicas que le dirigirán desde los grupos parlamentarios, que son las que todos, en el fondo, nos seguimos haciendo. Tendrá también que tratar de explicarle a Pere Aragonès por qué el CNI le espió, y no creo que se atreva a insistirle en que él, el presidente del Gobierno central, desconocía ese espionaje. Y, por fin, tendrá que convocar de una vez el debate sobre el estado de la nación, del que llevamos siete años sin disfrutar, aprovechando que Núñez Feijóo, que no es diputado, no podrá ser su contrarréplica en la Cámara.

Las cosas no pueden demorarse a la espera del olvido y de que a la gente se le pase el cabreo

Pero claro, para todo esto ha de establecerse un calendario cuanto antes. Las cosas no pueden demorarse a la espera del olvido y de que a la gente se le pase el cabreo. Eso lo hacía Rajoy y ya ve usted cómo acabó. Ni se puede aplazar todo hasta conocer los resultados de las elecciones andaluzas, que, por cierto, es posible que, si son como predicen las sacrosantas encuestas, le estallen en la cara no al candidato Espadas, sino a Pedro Sánchez, que tanta mano ha metido en el socialismo andaluz.

Yo diría que es este, el del ‘veintejota’, el día siguiente a las urnas andaluzas, el mayor reto que le espera a Sánchez. Porque será entonces cuando haya de afrontar el principal de los temas que tiene pendientes: llamar a Núñez Feijóo a La Moncloa y sentar las bases de un nuevo orden político en España, para que los ilustres visitantes de la OTAN a finales de junio vean un país políticamente pacificado, al menos en la superficie. Porque, por mucho que se empeñen La Moncloa y sus aledaños en emitir mensajes de normalidad, lo cierto es que así no se va a poder seguir mucho tiempo. No hasta noviembre de 2023, al menos.

Fernando Jauregui 1478562861 123311786 667x375
Fernando Jáuregui

Fernando Jáuregui Campuzano (Santander, Cantabria, 1950) es un periodista español. Tras cursar estudios de Derecho y Periodismo en Madrid, se incorpora al mundo de la comunicación, primero en Europa Press. En años sucesivos desarrolla una prolongada carrera como columnista en distintos periódicos de tirada nacional: Informaciones, Diario 16 (1975-1982), El País (1982-1989), El Periódico, El Independiente (1989), Ya y el El Correo.