¿Lo armonizamos todo?

A mí no me parece mal lo de armonizar los impuestos, Lo que me parece mal es que el Gobierno de Pedro Sánchez y el de Pablo Iglesias, que muchas veces no parecen el mismo, haya decidido armonizar la deslealtad pactando con ERC y con Bildu, se haya sometido a las exigencias del PNV y esté dispuesto a lo que sea con tal de seguir en el poder y arrinconar al centro derecha.

Está claro que lo más llamativo ha sido el compromiso con ERC –con los que van a gobernar Cataluña tras las próximas elecciones si nada se tuerce– de montar un frente contra Madrid, porque el acuerdo de “armonizar” los impuestos en España no esconden otra cosa que acabar con la autonomía fiscal en Madrid y obligar a Diaz Ayuso a subir los impuestos a los madrileños. Y eso no se hará en el Consejo de Política Fiscal o Financiera ni modificando la desigual financiación autonómica sino en una mesa de negociación a dos, o mejor, a tres: ERC, PSOE y Unidas Podemos. Eso sí, sin la transparencia que prometieron antes de las elecciones y que luego han escondido en el fondo del mar.

Pero si armonizamos los impuestos para subírselos a los madrileños, que de eso se trata, digo yo que habría que empezar por otorgar un concierto económico o un convenio foral a todas las comunidades autónomas de forma que reciban sus dineros y luego le den al Estado lo que sobra, si es que sobra. Y si “armonizamos” el Impuesto sobre el Patrimonio —que por cierto, se cargó Zapatero en 2008, aunque luego se arrepintió y lo volvió a poner en 2011—, digo yo que habrá que hacerlo con Europa donde la práctica totalidad de los países lo han eliminado.

Si nos ponemos a armonizar, habría que armonizar la sanidad, creando por ejemplo una central de compras y hasta una central de gestión de recursos, ambas de carácter nacional, con lo que se ahorrarían muchos millones de euros concentrando 17 entidades compradoras en una, evitando peleas con los fabricantes, gestionando con solidaridad y eficiencia los recursos siempre escasos y poniendo puertas a la corrupción.

Si armonizamos de verdad, me gustaría empezar por la educación, evitando que se hagan leyes sin consenso y contra algunos sectores y obligando a que en todas las autonomías se garantice la enseñanza en español al menos en el cincuenta por ciento, si hay otra lengua cooficial, a que los contenidos educativos sean comunes en un cincuenta por ciento, a que se garantice la libertad de creación de centros y de elección de los mismos y a que no haya discriminaciones por ningún concepto.

Si armonizamos, podríamos hacerlo con la “memoria democrática”, de forma que se promueva la justicia para todos, los de un bando y los del otro, el encuentro para la convivencia y no se convierta en un ajuste de cuentas de unos frente a otros. Y, por supuesto, para que la memoria que ser se lleva ochenta años atrás, no olvide lo que pasó en España con ETA y sus víctimas hace muchos menos años. El Rey Juan Carlos y los políticos españoles ya “armonizaron” ejemplarmente en la transición un país que era diverso, diferente y desigual y hacerlo mejor para todos, sin distinciones.

Si nos ponemos a armonizar, digo yo que habría que dar a cada español un chalé con jardín y hasta con vigilancia de la Guardia Civil como el que tienen el vicepresidente del Gobierno y la ministra de Igualdad.

Armonizar no pasa, no debe pasar, por quitar nada a nadie, que es lo que quieren algunos. Lo que hace falta urgentemente en España es armonizar el sentido común, armonizar la lealtad a la Constitución y a las leyes y el respeto a la democracia y al Estado de Derecho.