La otra crónica del 120 | Las desventuras de un cariancho

Sabrán ustedes que hemos adoptado la convención de que la verdadera Edad de Plata de la cultura segoviana –expresión que supone en sí otra convención- se produce en los años veinte del siglo de semejante ordinal. Es entonces cuando la ciudad se nutre de una pléyade de jóvenes artistas nacida en el borde finisecular: unos años antes o después del cambio de centuria. Es cierto que en esa época hubo pioneros que arribaron a Segovia, como hemos visto en nuestras crónicas: artistas foráneos que descubrieron esta tierra y a sus gentes, y las hicieron protagonistas de su arte; fueron precursores, por lo tanto, de lo que después hubo de venir tras la culminación de la Gran Guerra.

No es, sin embargo, menos cierto que a finales del XIX y en el campo de las letras –que es lo mismo que decir del pensamiento- una serie de nombres se concitó alrededor del Diario de Avisos de Segovia a partir de 1899, que luego fue Diario de Avisos y, tras un año de fusión con El Adelantado de Segovia (1904), le dejó campo libre en la edición diaria tras la retirada de su fundador Gregorio Bernabé Pedrazuela.

Dos de esos periodistas -José Rodao y Silverio de Ochoa- se conchabaron para la edición de una novelita candorosa, muy bien escrita, que rescatamos en estas páginas: El pobre Nico

En la mesa de batalla del Diario de Avisos se reunieron periodistas y escribidores que gozaron de talento y de buen estilo. Tenían como nombre Miguel y José de Zárraga, Rufino de Cano Rueda, Pedro Zúñiga, Félix y Segundo Gila, Vicente Fernández Berzal, Gregorio Bernabé, José Rodao o Silverio de Ochoa. Buena parte de la plantilla terminó en el hoy decano. Dos de esos periodistas -José Rodao y Silverio de Ochoa- se conchabaron para la edición de una novelita candorosa, muy bien escrita, que rescatamos en estas páginas: El pobre Nico. La firma Silverio de Ochoa y la prologa, en su condición de comadrón, José Rodao. La edita la imprenta del Diario de Avisos, que tanto juego dio en el campo editorial, y que se ubicaba en la planta baja de la Plaza de Guevara, número 2, en donde por las tardes animaba el traqueteo impresor la bullanga de una concurrida tertulia, a la que no faltaba el clero.

La acción transcurre en Puentealta,la castellana ciudad que vive hoy entre soberbias ruinas de su pasado” –imagínense qué ciudad se escondía tras ese nombre: repetía Silverio el mismo esquema de Clarín con Vetusta-, y tiene como protagonista a Nicomedes o Nico,un pobre mozo, de muy corta estatura, regordete, cariancho, que soportaba con admirable resignación descomunal joroba, continuo blanco de burlas, las cuales sufría riendo”. Puede intuirse con facilidad en donde recalaría el pobre jorobado en esas fechas de gusto por espectáculos circenses y de atracción de los raro y deforme, y anticiparse a sus angustias internas, desengaños amorosos incluidos.

No es muy original el desarrollo argumental, pero les aseguro que su lectura engancha durante el par de horas que se dedica a esta nivola de cincuentaitantas páginas. Y que está escrita en un precioso castellano. Segovia, 1901. El año de la Exposición Provincial. La fecha de salida de El Adelantado de Segovia, primero como hebdomadario, luego como diario (16 de octubre). El año de publicación de El pobre Nico.