Libreros y librerías

Ya he tratado este tema en otras ocasiones, pero la aún reciente celebración del Día de las Librerías (el pasado día 11), y mi afición a la lectura y consiguiente archivo de libros, me anima a volver al asunto. Y máxime porque estos días coinciden con la celebración en nuestra ciudad de una nueva edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.

Tenemos la suerte en Segovia de contar con un buen número de librerías, todas ellas bien pertrechadas de títulos actuales, sin olvidar “los de ayer” y menos aún a los clásicos. Además, estos comercios se esmeran en organizar actos que animen a los lectores a visitarles y asistir a los mismos (reuniones, presentación de nuevos libros, etc.), a la vez que sirven como orientación a los posibles compradores sobre las materias que estén interesados en adquirir. Este hecho da origen, en no pocas ocasiones, a anécdotas curiosas ante las dudas que presentan algunos compradores. “La última novela premiada en el…”, “El más reciente libro de…”, preguntar por un libro del que no se conoce el título y se da uno parecido…O singularidades como el supuesto cliente que pide por teléfono que se ponga Rafael Alberti, y al contestarle que murió hace años…”Pues que se ponga su esposa”. No falta el cliente que pide una colección de libros para “llenar una estantería de metro y medio”…

Supongo que de vez en cuando, un librero ha de pasar algún trago amargo, por ejemplo, cuando un posible comprador le pide que le recomiende un libro de literatura, de historia, de poesía…Como si el librero se hubiera leído todos los que tiene en sus estanterías. Y luego, si preguntando sobre gustos del cliente, o preferencia de autores, consigue extraer algún dato más concreto, podría tener una orientación de lo que se busca. Pero siempre exponiéndote a que la lectura no sea del gusto del comprador, cuestión irremediable, claro.

No faltará tampoco el que pida un libro para regalar, ante lo que habrá que hacer nuevos equilibrios, poner en marcha la imaginación y también tratar de sonsacar alguna particularidad del posible receptor del libro…si es que el que lo solicita tiene alguna idea sobre los gustos del destinatario.

Hay un refrán muy socorrido que dice “Libro prestado, libro perdido”. Yo he tenido suerte en este aspecto, aunque la falta de atención de algunos recepcionistas han impedido que algún centro de enseñanza y algún museo locales, a los que he donado una buena colección de libros, “hayan olvidado” confirmar su recepción. Pero, bueno, hay de todo y estas cosas no deben tomarse en cuenta.

También hay fechas concretas en que las librerías optan por obsequiar a los compradores, y como ejemplo tenemos que en el pasado día 11, en algunas librerías se ha regalado un cuento de Laura Fernández editado conjuntamente con la librerías Intempestivos y las editoriales Delirio y La uÑa RoTa, según leo en una revista de cultura. Por cierto que casi rozando con el límite de nuestra provincias y Valladolid, aunque dentro de esta última, es muy interesante el hecho de que una pequeña localidad, cercana a la autopista, sea conocida como La Villa del Libro. Se trata de Urueña, pueblo con un centenar de habitantes pero en el que trabaja un elevado número de librerías. Bien dotadas —y visitadas— todas ellas. Su origen partió de una idea del folclorista y etnógrafo Joaquín Días, que abrió un museo de instrumentos musicales, incluso con una colección de campanas, museo que acompañado del propio Joaquín conocí poco después haberse abierto al público. Posteriormente fue creada una Fundación con intervención de organismos oficiales y del mismo folclorista.

Hoy la venta de libros por internet está a la orden del día, pues en cualquier librería del lugar dónde uno reside o de otro punto más lejano, se puede solicitar determinado título que, por las razones que fuere, no ha sido encontrado. En este sentido el servicio librero es muy eficaz.

Y queda también otro “elemento” de lectura, el libro electrónico, el eBook, sobre cuyo volumen de solicitudes y ventas no puedo opinar, por no tener referencias muy concretas sobre el manejo de este sistema de lectura.
No olvidemos tampoco las llamadas “librerías de segunda mano”, de actualidad ahora por la feria a la que me he referido al principio, que suelen tener en sus estantes libros no solicitados con frecuencia, muchos de ellos con ediciones muy interesantes, locales que también son muy recomendables para visitar y curiosear la diversidad de títulos, digamos “de ayer”. Para el aficionado a esta búsqueda, es un placer poder entrar en tales librerías.