Lex perpetua y bla, bla, bla

Andaba yo enfrascado con el libro de Cayetana Álvarez de Toledo –Políticamente indeseable- cuando cayó en mis manos la magnífica obra de Joaquín González-Herrero sobre la Lex Perpetua de Ávila, que subtitula muy acertadamente Fundamentos de una utopía. Es un texto apasionante y atrapante: no vayan a creer que habla solo de la referida ley propuesta al emperador en la Guerra de las Comunidades. Es un libro sociológico, histórico, jurídico. De fácil y amena lectura para quien posea una pizca de curiosidad intelectual, no tanto por las cosas que sucedieron –que también- sino por el porqué de los hechos que nos definen o han podido definirnos como pertenecientes a una determinada civilización. La derrota en Villalar el 23 de abril de 1521 supuso el final de una utopía: someter el poder real a la ley y a los fundamentos de la razón soberana del pueblo.

Probablemente la revolución comunera fuera el primer esbozo de movimiento popular moderno, de la misma manera que la Lex Perpetua supuso un nuevo modelo de relaciones entre el monarca y el cuerpo social una vez en proceso de descomposición los antiguos poderes señoriales de la nobleza y constatado el florecimiento de ciudades como Medina del Campo, Toledo, Ávila, Cuenca o Segovia. Nunca he comprendido que Castilla y León celebre el día de la derrota en Villalar cuando, tan ufana, podría haber ensalzado ese 1520 que conoció la redacción de la ley, con Martín Muñoz de las Posadas como lugar en donde probablemente se concluiría el borrador que había pergeñado la Junta de Ávila.

Nuestro país puede presumir de haberse acercado como ningún otro a los inicios del parlamentarismo –Cortes de León de 1188-; de conocer la elección de un rey por los brazos estamentales –Compromiso de Caspe, 1412: se eligió allí como rey de Aragón a Fernando de Castilla, dicho el de Antequera-, y de haber elaborado un proyecto de Constitución doscientos cincuentaisiete años antes de que se alumbrara el primer texto liberal de la historia en los recién creados Estados Unidos. Sin olvidar, por supuesto, el concepto de Ius Gentium, que la Escuela de Salamanca y las sucesivas leyes de Indias otorgaron a los nativos del Nuevo Mundo.

Qué mejor pasatiempo este del deleytar aprovechando con la lectura del libro de Joaquín. Pero hay otros quehaceres. Tengo que reconocer que con su gracia. Aunque distinta. Cómo diría… La vedad es que más que quehaceres son cuchicheos, especulaciones y algunas charlotadas de quienes se pavonean demostrando en petit comité sus amplios conocimientos de los issues y componendas que se traen entre manos los políticos. La verdad es que en estos menesteres los periodistas somos una clase especial. Pero no estamos solos. Ni mucho menos.

Dos han sido las cuestiones más repetidas: el adelanto de las elecciones en Castilla y León y las candidaturas a la alcaldía de Segovia

En menos de una semana ha habido tres encuentros en donde se han dado cita la flor y nata de la sociedad política y empresarial segoviana. Los chascarrillos han volado como abeja de flor en flor en la búsqueda del polen más delicioso, metáfora que en este caso quiere decir en la captación del oído más propicio. Dos han sido las cuestiones más repetidas: el adelanto de las elecciones en Castilla y León y las candidaturas a la alcaldía de Segovia. De lo primero ya hemos hablado. Apuesten por ellas y tengan en cuenta para la concreción de la fecha un dato: la fijación del juicio por el caso eólicas. Vamos por lo segundo.

El PP ha olido poder en la capital de Segovia. Posiblemente como nunca en estos últimos veinte años –recuerden la maldición caída tras la cesión en 1999 del sillón de alcalde a José Antonio López Arranz, de UC-CDS-. Por lo tanto, el puesto es apetecible. Pero las aguas bajan revueltas. “Pablo Pérez”, portavoz municipal, “no quiere repetir. Lo que busca es mantenerse en el Senado”, dicen unos. “Mañueco y Vázquez intentarán nombrar a alguien de confianza, aunque sea no afiliado”. “¿De fuera del partido?”, pregunto iluso, “No creo que lo permita la Teocracia” –perdón por el chiste que he robado a Álvarez de Toledo-. “Mañueco está crecido desde el empujón de Tudanca”, alegan. “Ojo al recorrido del caso de las primarias de Salamanca”, insisto. “Y además Pérez tiene el apoyo de Pablo Casado”, vuelvo a insistir. “Casado es un coleccionista de cromos”, apostillan.

Hay varias clases de gurús. Los que intoxican por despecho, por interés personal en la contienda o simplemente por demostrar lo mucho que saben. “Te lo digo yo, hazme caso”, es su frase favorita, que suele pronunciarse en voz baja. Me interesa lo del candidato exterior. No porque sea verosímil, sino por lo que persigue su formulación.

No se salvan los candidatos socialistas, no se vayan a creer. “Clara”, Luquero, “no se presentará. Será Clara Martín quien la sustituya. Hace poco estuvo en Ferraz”. Váyase a saber si estuvo o no, pero cuando uno da un dato tan preciso es para hacer más creíble el argumento.

Tienen gracia los chascarrillos. Animan una tarde por mal psicólogo que uno sea. U ornitólogo, por eso del pavoneo. ¿Cómo se eliminarían? Como en el fútbol. Confirmando inmediatamente al entrenador no más surgen las dudas de su continuidad. Mejor manera no encuentro de evitar “daño y mal estanza” (carta de los comuneros a Carlos I). Pero muchos siguen sin aprender. Quizá porque no leen historia.