Las vacunas y la envidia

¿Hay alguien a quien pueda molestar que la veintena de jugadores que forman parte de la Selección Española de Fútbol pudieran ser vacunados contra el Covid-19 y así poder hacer frente, sin riesgo de contagios, a los encuentros previstos con las selecciones de otros países?

La respuesta es que sí: hay ciudadanos españoles a quienes no sólo les molesta sino que truenan en las redes sociales por considerar que se trataría de un privilegio. Estamos hablando de veinte a lo sumo treinta vacunas -sí contamos a los preparadores- que pondrían a salvo o cuando menos reducirían las posibilidades de contagio salvando así el calendario de encuentros previstos.

Hay ciudadanos españoles a quienes no sólo les molesta sino que truenan en las redes sociales por considerar que se trataría de un privilegio

Cerca de diez millones de personas ya han sido vacunadas en España y la operación sigue a buen ritmo. Vacunar a los jugadores de la Selección que en el plano de los simbólico nos representan a todos habría evitado lo que ya es un hecho: dos de ellos, Sergio Busquets y Diego Llorente han dado positivo, circunstancia que abre una incógnita acerca del futuro de la participación española en el campeonato mundial.

Aunque no se puede generalizar -cada español es un mundo y no les conocemos a todos-, a mi modo de ver que tengamos abierta una polémica acerca de esta cuestión, sólo puede deberse a un mal muy español, un mal que viene de siglos atrás. Me refiero a la envidia, al pesar que invade a ciertas personas por el bien ajeno. Ya digo que es mal que viene de muy atrás. Quevedo alertaba acerca del origen de la cosa diciendo que se debía a que la tajada que un español se llevaba a la boca dejaba en ayunas a los demás.

Es mal de resentidos y vivimos tiempos en los que hay mucha gente que se siente maltratada por la sociedad o por la vida. Pero pensar que vacunar a la veintena de futbolistas que forman la Selección puede ser motivo para que aflore tanto resentimiento abre las puertas a la melancolía. A la nostalgia o añoranza de otro país. Y también de otros políticos, ministros como la titular de Sanidad o el de Cultura y Deporte, que están tardando en facilitar la vacunación de los jugadores de la Selección y salir a explicarlo sin temor al qué dirán -en las redes o en el bar- los envidiosos de turno.