Las otras inflaciones

En la calle, que es la vida real, se sabe que si existe inflación es malo y si la inflación es muy alta es como para preocuparse, pero no deja de ser un concepto algo difuso que hasta que no aterriza no se sabe “que ya está aquí”. La voz de alarma se escuchó el otro día en un mercado, en cualquier mercado: “madre mía: la sandía a 10 euros”. Es verdad, la sandía es una bandera roja y no solo por su color.

La vida nos ha cambiado para mal. Estamos acostumbrados a un país que, no disfrutando de grandes salarios, sí que tenemos buen clima y la comida bastante asequible. Y buen gusto preparándola. Pero parece que esto también se acaba. Con la inflación, con las sequías, con los impuestos, los precios se parecen cada vez más a los de los Españoles en el Mundo que les ha ido bien (que son los que salen en la tele) y van a comprar a los mercados pijos de las ciudades pijas.

Esto puede tener otro efecto inquietante. No todos los extranjeros que se instalan en España, para pasar buena parte del año en su tercera edad, tienen pensiones espectaculares. Es más, seguro que no salen en Alemanes por el Mundo (si es que existe ese programa) porque son economías modestas que si vienen a España no es por los restaurantes con estrella Michelin, sino por lo que ahorran en calefacción y comida.

Además, llegado el caso, se empadronan aquí para arreglarse la cadera en nuestra casi exhausta Seguridad Social. Ahora bien, hay que reconocer que son muchos y van haciendo gasto, pagan algunos impuestos y mantienen puestos de trabajo, pero si les sale caro pues dejarán de venir, gastarán menos…

Crucemos los dedos pero nunca retrocede la inflación todo lo que avanza. Estamos en un mundo con inflación y quieren que nos acostumbremos.

Pero con inflación en casi todo. O si no por qué el presidente del gobierno no es simplemente primer ministro como pasa en otras democracias. Eso de “presidente” se reserva a la más alta institución. Pero aquí se reparte el título con gran ligereza y como estamos en tiempos de inflación se desliza lo de “presidente de España” para ir probando que tal suena.

Inflación en las programas de TV. No me refiero a los platós de TV en donde todo “se infla” para hacerlo importante (divorcios, discusiones, cumpleaños). Me refiero incluso a la programación de toda la vida que triunfa por sí misma. Un ejemplo son los encierros de los sanfermines. Uno se pone delante de la tele a ver toros, carreras, mozos, la fiesta eterna. Y ya está. Pero quizá alguien pensó que se podía inflar más el momento y se le dio una nota almibarada cuando un miembro del equipo de TV le pidió matrimonio a su novia. Me pregunto si la programación necesitaba de eso.

Inflación en la política en general. La derecha ahora es extrema derecha. Se llega a considerar de extrema derecha hablar de la unidad de España, rigor en la gestión de las Comunidades Autónomas, el defender a la familia y la vida de los nacidos y no nacidos. Inflando el término suena a radical y tiene menos credibilidad.