Las infantas se vacunan

Menuda escandalera se ha montado a cuenta de que las infantas Elena y Cristina, hijas del Rey Juan Carlos I, han aprovechado una visita a su padre en Abu Dhabi para vacunarse contra el coronavirus en ese Estado del Golfo Pérsico, donde resulta fácil e inmediato (para algunos que se lo pueden pagar) recibir la inyección inmunizadora. He escuchado de boca de algunos de mis compañeros y de políticos que simultanean como tertulianos opiniones en general muy duras porque las infantas se han adelantado a su turno de vacunación, que, al paso que va en España (esperemos que el ritmo se acelere), y dada la edad de ambas, en la cincuentena, no llegaría antes de bien entrado el verano, con suerte.

Sé que con lo que escribo voy a ser bastante impopular, pero discrepo de la severidad de esa mayoría de compañeros, que supongo que se corresponderá con semejante rigor en la calle. Me parece, primero, lógico que dos hijas vayan a visitar a su padre, cuyo estado de salud y edad no son, dicen, los mejores. Y su estadlo de ánimo, casi forzado a permanecer en aquel país lejano y ajeno, parece que tampoco es el mejor. Las infantas, por otro lado, son dos personas ajenas ya a la Casa del Rey; son, por tanto, dos particulares, pueden viajar donde quieran mientras respeten las restricciones de movimientos y… pueden vacunarse siempre y cuando no sea en España y ahora. ¿Por qué no?

No seamos (excesivamente) hipócritas: yo, al menos, si por alguna razón tuviese, como turista o como profesional, que viajar a Abu Dhabi, a buen seguro que me vacunaría, como hacen, por lo demás, tantos españoles que, eso sí, tienen el suficiente dinero para pagarse un viaje de ‘turismo por vacunación’. Me parece errada la reacción -contenida, desde luego de La Zarzuela, donde las relaciones con el emérito y con las infantas ya se sabe que no pasan por el mejor momento: decir que el Rey, la Reina y la princesa de Asturias y la infanta Sofía “se vacunarán cuando les toque”, como mudo reproche a las hermanas y cuñadas, es una solemne equivocación, que trasluce muchas cosas. Los reyes, el presidente del Gobierno y algunos ministros que deben viajar casi constantemente y tienen, por tanto, mayores riesgos que los demás, deberían ser inmediatamente vacunados. Es una cuestión de puro sentido común.

Y qué quiere que le diga: algo hay, me parece, de la vieja envidia nacional ante la lapidación a las infantas por haber ‘aprovechado’ para vacunarse. No veo en qué ha de dañar eso la imagen de la familia real, que lo peor de todo es que ya no es una familia. Y, aunque lo fuese, tampoco por pertenecer a ella tienen Elena y Cristina que sufrir una pena de telediario por vacunarse en Oriente Medio. A mí, desde luego, las infantas me serán más o menos simpáticas —la una más que la otra—, pero no se me han anticipado en la cola de espera. ¿A usted sí?