Lanzaderas, otra vez

Esta ciudad es cansina. Sí. Han pasado 25 años y estamos otra vez ante los mismos problemas que parecían superados o encauzados; ahora mismo, y de forma contumaz, quieren retomar el tema de las lanzaderas, cuando el transporte público urbano –aunque mejorable– es quizá el servicio que mejor funciona en la capital.

 

En aquel momento se utilizó como excusa la idea de que el que subieran los autobuses a la Plaza Mayor suponía destruir la Segovia medieval, cuando la realidad era que esa Segovia medieval desapareció con los ordenamientos urbanísticos de finales del XIX y principios del XX, precisamente para hacer una acceso de vehículos desde el Azoguejo a la Plaza. Ahora el mantra al que se agarran es el de las Zonas de Bajas Emisiones, poniendo el punto de mira en el casco antiguo, cuando es evidente que las altas emisiones están en otras zonas de la ciudad, y que el casco antiguo no tiene un problema de polución que haya que solucionar.

 

Total, más excusas para seguir facilitando que acaben de apoderarse del casco antiguo unos sectores que nada tienen que ver con el vecindario y su calidad de vida, que es en lo que tendría que trabajar el Ayuntamiento. Ahora, por fin, esos oscuros intereses -que denuncié hace veinticuatro años- son patentes, groseros y desvergonzados, como demuestra la propuesta de convertir la calle en la que se encuentra la cabecera de los autobuses en un bulevar para aumentar la zona de ocio y copas. A nadie le preocupa un pimiento la calidad del aire en el casco antiguo, ni el palmario perjuicio que se ocasionaría a los vecinos de toda la ciudad de llevarse a cabo esta iniciativa; lo que realmente se busca es, una vez más, favorecer los intereses de los hosteleros. Hablemos claro.

 

Copio a continuación el escrito me que publicó El Adelantado el 1 de abril de 2000:

 

 El transporte urbano y los oscuros intereses

 

Desde hace años se está hablando de la necesidad de mejorar el transporte público y yo -tonta de mí- pensaba que esa mejora consistiría en ofrecer alguna nueva línea que uniese barrios distantes entre sí como San Lorenzo, La Albuera, Nueva Segovia o el Puente de Hierro, o también algún circular que acercase a los vecinos al Hospital General, sin desdeñar una línea -quizá durante el buen tiempo- que nos llevase a zonas de los alrededores hoy por hoy incomunicadas.

 

Pero sorprendentemente y sin saber bien por qué, parece que lo que ahora se pretende es desmantelar la tradicional red de transporte público de la ciudad obligando a aquellos ciudadanos que quieran acceder a la zona antigua a realizar un transbordo en la Plaza Oriental y tomar allí un microbús. Según este proyecto, sólo se permitiría a los autobuses llegar hasta la parte alta en determinadas horas punta, horas punta que no son tales teniendo en cuenta el elevado porcentaje de personas mayores repartidas por toda la ciudad que necesitan desplazarse a lo largo del día. De seguir ese criterio se rompería la filosofía misma del servicio de transporte público, de cuya eficacia y comodidad depende que los ciudadanos utilicen menos los vehículos particulares, por una parte, y por otra que se respete a aquellos que, careciendo de ese medio, tienen igualmente derecho a cubrir sus necesidades de forma digna sin tener que recurrir a sistemas más gravosos.

 

Estas “lanzaderas” o microbuses, que tanto da, ya nos las quiso vender la anterior corporación del PP, sin que entonces se lo permitiéramos, en una defensa evidente de los derechos de los ciudadanos. ¿Qué ha cambiado? Resulta que actualmente el PP no es partidario de esa solución que tanto le gustaba hasta hace nada, solución que ahora intentan promover los miembros de UCD e Izquierda Unida, en tanto que el PSOE -o parte de él- es contrario al invento, aunque probablemente sin mucha convicción. Mientras tanto las asociaciones de vecinos, sumidas en una especie de nirvana o estado hipnótico, cambiando unos favores por otros, o peor aún, en una aparente manipulación, van más allá y aceptan unas soluciones que desde la misma Concejalía de Urbanismo no se proponían más que como posibilidad y en letra pequeña. La Federación de Vecinos también ha modificado su postura anterior para apoyar un cambio que obligaría a muchos ciudadanos a pasar por una situación objetivamente mala.

 

El motivo que se ha esgrimido en contra de las rutas tradicionales ha sido que con esos enormes autobuses no se puede subir a una ciudad como Segovia, pero lo que vemos los vecinos es una calle, amplia para lo que son las ciudades antiguas, que une muy aceptablemente el Azoguejo con la Plaza Mayor. Si suben continuamente los camiones de carga y descarga de cajas de bebidas, los capitonés de los distintos eventos, autobuses de turistas y un largo etcétera, no se entiende por qué no va a poder subir el transporte público con su carga de personas humanas.

 

Por otra parte, en el pliego de condiciones de la futura renovación del contrato de transporte público no se debería obligar a las empresas a realizar de golpe unas inversiones desproporcionadas  con relación a los ingresos que se supone van a recibir, sino que se les debería dejar la posibilidad de desarrollar un plan con el compromiso de ir actualizando la flota dentro de unos plazos. O mejor aún, se debería luchar  por traer a Segovia un tipo de fondos que sirvieran para potenciar y subvencionar el transporte urbano, fondos como los que no hace mucho se han invertido de forma más innecesaria en un museo. Cualquier cosa antes que consentir un retroceso tan significativo en un servicio público de tanta importancia. Porque mucha Ciudad Patrimonio de la Humanidad y mucha historia, pero aquí la mayor parte de las iniciativas que se adoptan son contrarias a los intereses de los ciudadanos que vivimos en ella.

 

No quiero pensar que acabemos viendo esos espacios de servicio público que hoy ocupan los autobuses convertidos en terrazas de bares. Da la impresión de que hay ciertos intereses en que la parte antigua de Segovia -convertida por fin en ciudadela- sea definitivamente el feudo de turistas, hosteleros y bares de copas.