La vida sigue igualDespués de haber asistido como espectador durante más de treinta años a debates como el que tuvo lugar este miércoles, hay dos cosas en las que me reafirmo. En primer lugar, la relativa incidencia que en el voto ciudadano tiene este tipo de debate cuando se realiza con más de un contendiente. Más que por el debate el escenario se ve ganado entonces por una sucesiva profusión de monólogos que en ocasiones terminan por aburrir a la concurrencia, perdida entre números y promesas. La segunda conclusión, que matiza la anterior pero no la anula, es que más que pensar en vencedores lo más relevante es si tras de él resulta un perdedor claro. El formato, por lo tanto, y salvo meteduras de pata sobresalientes, no es el propicio, porque los intervinientes se moderan y al no existir un cara a cara la confrontación se diluye, los defectos se ocultan y los aciertos dialécticos se matizan.

He convocado las elecciones para dejar de soportar el ego de ‘Paco’ Igea

Es lo que pasó ayer. Quien más tenía que perder es quien con más expectativas de votos partía, y en estos momentos –me van a permitir que no tenga en cuenta a Tezanos- es el PP. Alfonso Fernández Mañueco no solo salió vivo, sino que incluso se le vio más crecido, más enérgico e incluso, después de aguantar con estoicismo las arremetidas del candidato de Ciudadanos, Francisco Igea, en la segunda parte del debate se la devolvió. He convocado las elecciones para dejar de soportar el ego de ‘Paco’ Igea, su intento de consolidar su trayectoria política desde la vicepresidencia de la Junta con políticas personalistas, le estrelló en la cara a su antiguo socio. El candidato Igea no se esperaba la alusión y pareció acusar el golpe. Hasta entonces parecía que fuera él quien hubiera gobernado la comunidad, arrogándose en propiedad lo positivo de la acción de gobierno. Ante el error del último debate –era mi gobierno, vino a decir el presidente- esta vez Mañueco estuvo comedido, pero en ese momento se desquitó y el zasca hizo mella.

Francisco Igea, candidato de Ciudadanos, era el que menos tenía que perder porque partía con las menores expectativas según todas las encuestas. Solo le quedaba sumar. Es un político que se desenvuelve bien en los debates, sin el envaramiento de algunos, pero el rédito con el que sale del de ayer no es muy distinto del que tenía cuando entró. No es creíble que en su particular contabilidad derivada de la acción de gobierno en estos últimos dos años y medio solo tenga recursos en el haber y ninguno en el debe. Cuando Mañueco le atizó dejó el mantra que repite hasta la saciedad: si las cosas iban bien a qué se debía la convocatoria.

Los candidatos a la presidencia de la Junta de Castilla y León Francisco Igea (Cs), Alfonso Fernández Mañueco (PP) y Luis Tudanca (PSOE), en el debate. / EFE - NACHO GALLEGO
Los candidatos a la presidencia de la Junta de Castilla y León Francisco Igea (Cs), Alfonso Fernández Mañueco (PP) y Luis Tudanca (PSOE), en el debate. / EFE – NACHO GALLEGO

Luis Tudanca, candidato del PSOE, ha mantenido un perfil bajo en la campaña, esperando, y no en vano, a que el PP se desinfle y caiga desde sus expectativas iniciales por sus propios errores. No era cuestión de arriesgar. Y más cuando ninguno de los dos candidatos le ha recordado que quien rompió el pacto por la recuperación firmado en Castilla y León en el 2020 fue él con la moción de censura. Que si reprocha, con razón, la intervención y el interés de Pablo Casado en Castilla y León, tres cuartos de los mismo se podía decir de las presiones de La Moncloa para la interposición de una inútil moción de censura que lo que hizo fue reforzar la figura del presidente del ejecutivo a quien se quería censurar, y que no se comprende un veto a Vox en futuros pactos cuando el gobierno que preside un socialista no tiene empacho en pactar con Bildu. En España y en Navarra. Nadie se lo echó en cara y por lo tanto nada tuvo que decir al respecto.

Ha puesto a CyL en el mapa político de España más allá de los garbeos de ministros o de las fotografías delante de vacas

Me sorprendió que tampoco saliera a la palestra la aprobación el pasado martes de 1.000 millones de euros hasta el 2023 con cargo al proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica del sector agroalimentario. Un proyecto en el que no es oro todo lo que reluce, pues requerirá al menos de otros dos mil millones de inversión por parte del sector privado. Ha sido una manera de desembarcar el gobierno de Sánchez en la campaña a través del BOE. No respeta las formas y bordea la neutralidad electoral de las administraciones pero bien venido sea para Castilla y León. Miren, de algo ha servido la convocatoria de las elecciones. Ha puesto a CyL en el mapa político de España más allá de los garbeos de ministros o de las fotografías delante de vacas con los castellanos en los pies. Bien es verdad- ay- que en las próximas semanas se conocerán las tasas de las autovías y que la del Duero seguirá sin recibir un impulso semejante al que se le está dando al corredor mediterráneo.

La suerte está echada. Pero ni mucho menos acabará la faena el día 13. El personal no es idiota y sabe que la conformación de las mayorías va a ser cosa difícil. Y que la aritmética manda. Y que no se puede pedir en Andalucía –PP y Cs- el apoyo de Vox para pactar los presupuestos de la Comunidad y aquí hacerse los dignos, como hacía Ciudadanos en Madrid no saliendo en la foto con Vox pero aprovechándose de su apoyo a las cuentas públicas. Creí entender que la alusión de Francisco Igea a Ángela Merkel –palabra de honor que la hizo- venía a cuento de solicitar un pacto PP-PSOE-Cs. Sin Mañueco, claro. Pero eso –el tripartito- es más difícil que recuperar la salida al mar de Castilla y León.

Y así están las cosas. Nada ha cambiado el debate de ayer. Era difícil que lo hiciera. Las variables siguen estando en la cantidad de personas que irá a votar en un domingo lluvioso sin elecciones municipales y si el suelo del PP se fija en los 33, 34 procuradores, que me parece que con eso hoy se conforman.