Es el tema de la semana. La Superliga de fútbol ha copado todos los focos en plena pandemia. Un bombazo, dudas e incertidumbre y un barco en el que se suben clubes e inmediatamente se tiran. Un entierro anticipado. A la deriva, Florentino Pérez. En el sector taurino la Superliga se desveló hace apenas un mes. Sin el bombo de Simón Casas, todas las figuras en activo y con Toño Matilla haciendo de ‘Su Florentineza’.

Ante la inaparente movilización de la empresa de Las Ventas, Plaza 1, comandada por el dúo Casas y Rafael Garrido (Nautalia), por anunciar una feria de San Isidro en un espacio abierto y con una capacidad total de 23.798 espectadores, Matilla movió ficha y se sacó un ciclo isidril en el Palacio de Vistalegre con once corridas con “los que mueven dinero”, como diría el otro presidente de la Superliga, al 50% de un recinto cerrado que cuenta con 15.000 localidades (7.500, según la reducción).

Matilla ve luz verde a su serial en el coso de Carabanchel, fijado del 13 al 23 de mayo, pero la viabilidad al 40% no atisba rentabilidad

Como bastón de guía cuenta con el festival de Las Ventas autorizado por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que está programado para el próximo 2 de mayo con el permiso de 6.000 espectadores, según la orden que publica el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), que además establece un aforo máximo del 40% para eventos taurinos. Por tanto, Matilla ve luz verde a su serial en el coso de Carabanchel, fijado del 13 al 23 de mayo, pero la viabilidad al 40% no atisba rentabilidad.

Algo parecido ocurrió en Sevilla, aunque los toreros acusaron que no era por dinero sino por el ritual taurino. Esta situación puede ocurrir también en Valladolid el fin de semana del 8 y 9 de mayo, donde Matilla repite fórmula de ‘figuras’ y donde el delegado territorial, Augusto Cobos, ya comunicó que autorizará la celebración de la feria pero con “un tercio” de localidades. Algo inviable. Quizás lo primero hubiera sido preguntar a las autoridades qué aforo podía estimarse para ver después qué cartel confeccionar. Con las ganas que tiene la gente de toros, cualquier cartel hubiera completado el aforo permitido y quizás tendría más viabilidad y, por supuesto, más rentabilidad.