La resurrección

Hoy, son bastantes los cristianos que no creen en la Resurrección de Jesús o tienen de ella una creencia vaga, vacilante y marginal. Se puede decir que a los cristianos españoles, al contrario de lo que ocurre en otras naciones, les gusta celebrar la muerte de Cristo, pero no la Resurrección. Puede verse cómo en las procesiones de semana santa se celebran la muerte, la pasión y la agonía pero apenas existen referencias a la vida, al futuro, a la alegría de vivir, es decir, a la Resurrección.

Son bastantes también los cristianos para quienes la Resurrección de Jesús no tiene ningún peso ni consecuencia en sus vidas. La resurrección del Señor no constituye para esta generación una realidad determinante para sus aspiraciones, esperanzas y amores.

Mucho se habla hoy de la necesidad de la nueva evangelización y del primer anuncio. Para que los cristianos hablen de nueva evangelización es necesario que recuperen la experiencia y conciencia de victoria que aparece en las páginas del evangelio sobre la Resurrección y el misterio pascual: los imperios caerán y el resucitado permanecerá.

Para algunos, lo principal del evangelio son los valores evangélicos de la solidaridad, la fraternidad, la igualdad y la gratuidad. Pero ignoran que estos valores son verdaderamente evangélicos si brotan de una adhesión de amor y entrega al Dios que ha salido a nuestro encuentro de forma resucitada. Para muchos, su pertenencia a la iglesia consiste en recibir: el bautismo, la comunión, la bendición matrimonial, las procesiones; pero cuando hay que dar y darse, no les interesa ni los pobres ni la comunidad eclesial.

Consideramos que la imagen del mundo actual no es congruente con el mensaje de paz y amor que el resucitado invita a difundir al mundo: podemos centrarnos en la injustificable invasión de Ucrania, en la mentira y en el enfrentamiento, como dice el Papa Francisco en Fratelli Tutti, así como la visión de un mundo polarizado mantenido por la fuerza de las armas, o en los conflictos generalizados que existen, quizás alimentados con la venta de armas, en la que participa España sin que los gobiernos den cuenta de la trazabilidad de la ventas.

El Papa Francisco ha escrito un libro muy clarificador, El Cielo en la Tierra. Transformar el mundo (2021). Nos habla de la vida eterna y de la necesidad de colaborar para un mundo mejor, con mensajes como “Cada vez que la vida cristiana se ha difundido en la sociedad de un modo auténtico y libre, ha dejado siempre una huella de humanidad nueva en el mundo”. El Resucitado pidió a sus discípulos exactamente esto, y los cristianos somos los discípulos ahora. El Papa Francisco pide una difusión del mensaje evangélico auténtica y libre, con profundas y clarificadoras palabras.

Si Jesús hubiera terminado en el Viernes santo, como ocurre para muchos cofrades, sería sin duda una de las figuras más nobles de la humanidad, modelo y estimulo de vida religiosa y moral, pero no dejaría de ser por ello simplemente un hombre del pasado que viviría simplemente en la memoria de los hombres.

Para bastantes cristianos esta fiesta no pasa de ser un día más de descanso laboral o vacacional, como también Dios no pasa para ellos de ser una vaga creencia que no tiene ningún peso en sus vidas. No es extraño que la Resurrección de Jesucristo a vida feliz e inmortal en Dios, su Padre, no les diga nada a tales cristianos y les deje indiferentes.

Pero Cristo ha ¡resucitado¡, lo gritamos alegres al mundo los cristianos estos días de pascua. Para eso somos cristianos: para decírselos a todos y atestiguar con nuestra vida que su Resurrección ha abierto un camino de paz y de valoración de la vida. Pero al hombre marcado por la cultura hedonista dominante estas afirmaciones tajantes le molestan. Para este mundo es verdad únicamente lo que trae provecho o disfrute a cada individuo y en cada momento. Le gustaría incluso que en público no se dijeran estas cosas y quedase reservado a la vida privada. Como hemos dicho, este mundo admite celebrar la muerte si detrás hay producción turística pero se opone a la proclamación de la vida y la paz porque estos valores ponen al descubierto sus propuestas de mentira, división y guerra.
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(*) Profesor emérito.