La rebelión del campo

Fue en 2008 cuando se sustituyó el tradicional nombre del ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación por el de ministerio de Medio Ambiente, Mundo Rural y Marino. Muchos no entendimos bien la razón porque las palabras agricultura, pesca y alimentación señalan perfectamente el objetivo del ministerio. Por suerte pronto se volvió a la normalidad.

Pero se da la circunstancia que desde algunos despachos de poder dependientes del Gobierno, sobre todo de los recién llegados, no se tiene en cuenta e incluso se ignora en gran parte el esfuerzo realizado por el sector; aún así, se dedican a decirles lo que pue- den y lo que no pueden hacer. Y además, los ahogan con múltiples papeles, enrevesadas exigencias y requisitos burocráticos que dificultan su trabajo diario. Y mientras tanto, los costes suben y los precios bajan.

Por otra parte la sociedad española, -que exige una gran calidad en los productos españoles-, no se muestra tan exigente con los productos de terceros países mientras sean más baratos, lo que es una gran incongruencia, porque en Europa y por tanto en España, el nivel de exigencias sanitarias es mucho mayor que en los países extracomunitarios donde el control no es tan severo. Por tanto, se deberían exigir a los productos importados las mismas condiciones que se exigen en España.

También hay que reconocer que somos una sociedad que lamenta el encarecimiento de los precios de los productos del campo, pero que no reacciona cuando se derriban las presas, ni cuando Zapatero deroga en 2004 el Plan Hidrológico Nacional aprobado en 2001, ni cuando algunos urbanitas progres manifiestan que agricultores y ganaderos son enemigos del medio ambiente, maltratadores de animales y algunas lindezas más.

En el campo no se entienden esos insultos máxime cuando lo que esperarían es que les agradecieran su sacrificio, su esfuerzo y su buen hacer. Pero faltaba lo mejor por escuchar, porque algunos miembros del Gobierno, para justificar su inacción -solo les preocupa la dichosa amnistía-, responsabilizan de la carestía de los alimentos, sin pudor alguno, a los propios agricultores y ganaderos. Incluso hay quien afirma que no son más que empresarios de extrema derecha. Pero lo que siempre se les olvida decir es que son los que nos dan de comer.

Sin embargo, muchos entendemos que agricultores y ganaderos son los que más cuidan el medio ambiente y no los que lo destrozan como afirman algunos que no han pisado el campo ni han visitado una explotación agrícola o ganadera en su vida, pero que se consideran con autoridad para dar sus adundadas opiniones.

Cada día es mayor la impresión de que fuerzas muy potentes y con grandes tentáculos y ramificaciones en zonas de poder, pretenden destruir la agricultura europea y por ende la española. Nos podemos convertir en un país dependiente en materia alimentaria y parece que vamos camino de ello si alguien no lo remedia. Si hacemos la vida imposible a los agricultores y ganaderos habrá escasez de alimentos y los precios subirán, porque lo que ahora importamos más barato de otros países, si desapareciera la competencia española tendrían vía libre para decidir el precio. Y que nadie dude de que subiría hasta los límites que pudieran.

Voces muy autorizadas conocedoras del sector llevan años anunciando que esto pasaría tarde o temprano y desde luego no debe sorprendernos esta rebelión del campo, porque se juegan su futuro. Y por tanto el nuestro. Y en ese sentido, muchos españoles deberíamos hacer el esfuerzo de informarnos bien de lo que es la agricultura, la ganadería y sobre todo las necesidades que tienen para poder sobrevivir. Pero lo que no debemos olvidar nunca, es que un país sin agricultura ni ganadería supondría un doloroso drama para la sociedad de dimensiones inimaginables.