La Prensa vuelve a los pasillos (o algo así)

La señora Batet, a quien tengo la sensación fundada de que no le gustamos demasiado los entrometidos chicos de la prensa, ha decretado un cierto regreso de los medios —un periodista por medio— a los pasillos del Congreso. Y eso ¿lo considera usted noticia? me preguntarán. Pues sí, lo es. Porque es una muestra de que la pandemia, que tantas libertades —incluida la de prensa— ha sojuzgado, ha dejado alguna huella. De momento, menos periodistas en el Congreso de los Diputados, que es, o debería serlo, el arquitrabe de la democracia. Y de variar los malos hábitos informativos de siempre, nada de nada. Para no hablar, claro, del comportamiento de Sus Señorías con los informadores y entre ellos mismos.

El ‘periodistas, que pasen, pero de uno en uno y con el carnet en la boca’ es una muestra más de que hemos dado algunos pasos atrás con respecto a tiempos anteriores, quizá no solo por culpa de la pandemia. Los pasillos del Congreso sirven para que una mayoría de diputados pase por ellos, camino del hemiciclo, sin mirar a los colegas que intentan abordarles, como es su obligación (la de los colegas, claro, no la de los diputados). Las imágenes que nos proporcionan esos momentos suelen ser las de periodistas que, micrófono y cámara en mano, se arremolinan para preguntar al personaje político de turno cuando entra para ocupar su escaño (bueno, eso cuando los ocupan, porque la Cámara medio vacía suele ser lo más frecuente tras estas larguísimas vacaciones parlamentarias). Sin que, claro, el personaje se digne a detenerse para responder educadamente, aunque sea una nadería.

No sé qué tiene que ocurrir para que eso que llaman, mal llamada, clase política varíe sus comportamientos entre ellos y también hacia nosotros

La reivindicación de la libre presencia en las instituciones, por ejemplo las Cortes —quien suscribe, freelance y, por tanto, sin acreditación de un medio concreto, no tiene ahora entrada, con el Covid como pretexto ‘batetllano’ para la exclusión de quienes escriben, ay, ‘por libre’—, no es sino la punta del iceberg, por supuesto. El mal funcionamiento del poder parlamentario, que no Legislativo, sigue siendo proverbial: nuestros representantes trabajan poco y su comportamiento, por ejemplo en las sesiones de control parlamentario, sigue provocando un cierto bochorno. No sé qué tiene que ocurrir para que eso que llaman, mal llamada, clase política varíe sus comportamientos entre ellos y también hacia nosotros, que somos, o deberíamos, intermediarios entre las fuentes y la ciudadanía, con derecho a preguntar y a recibir respuestas.

Algunos compañeros han podido, sí, al fin, volver a ‘pasillear’ por la Cámara Baja —por la Alta van pocos, pero por falta de interés—. Pero eso no significa que usted vaya a estar más y mejor informado/a sobre lo que en las profundidades de la política española, cerrada a cal y canto —más por parte del Gobierno que de algunos partidos de la oposición, esa es la verdad— a cualquier atisbo de transparencia. Y, encima, decirlo o escribirlo siempre te sale muy caro.