La otra crónica del 120 | Lucía Calle: moralizante pensil

En Álbum poético (1959), Lucía Calle de Casado incluye un soneto titulado Tenorio modernista. Destaco de él la corrección de su factura, que limpiamente encadena endecasílabos, sin forzar la claridad del discurso ni tampoco la rima. Algo raro en sonetistas no profesionales. Obviamente, conociendo la jaez moral de la autora, califica a Don Juan de “ratero de amor ruin y menguado,/ mezcla de loco, chulo y majadero.” Marca de la casa esta conclusión a modo de moralina.

Lucía Calle comenzó pronto sus colaboraciones en El Adelantado de Segovia. Se acogió a la capa protectora de José Rodao, que desde el 17 de septiembre de 1906 dirigía la Hoja literaria en el decano. Lucía (Pedraza, 1886, Segovia, 1969) fue una escritora prolífica y versátil. Dio conferencias, desarrolló trabajos históricos de fortuna desigual, artículos, pensamientos, y proliferó en cuentos y narraciones: breves y menos breves. Si uno lee su obra concluye en que la capacidad versificadora a la que aludía se traslada, técnicamente, a sus narraciones. Lástima que esa facilidad no se hubiera encaminado hacia otros géneros distintos a la literatura intimista, moralizante y hasta mística –se atrevió con la lira en homenaje a Juan de la Cruz-: el resultado hubiera sido magnífico. Lucía Calle fue maestra de profesión; de aquellas que en el primer tercio de siglo llevaron la instrucción a los pueblos de España; mal pagadas y con pocos medios; solo la rimbombancia de ser llamados maestros nacionales ocultaba el olvido al que fueron sometidos durante décadas.

Curiosa y con una vocación literaria férrea, contactó con José Rodao y empezó a colaborar en las páginas de El Adelantado de Segovia. El decano siempre estuvo muy atento a la instrucción pública; buena muestra fue la Página pedagógica que dirigió de manera semanal el gran Martín Chico.

El libro que hoy traemos a esta sección es el primero que publica Lucía Calle. Lo conforma un conjunto de cuentos y croniquillas de cuando ejercía en Aldehorno, en la Serrezuela. Como adelantaba, son escritos de fácil lectura, con final moralizante y multitud de escenas costumbristas. Cuánto mal ha hecho Gabriel y Galán –también maestro rural, por cierto- al sinfín de seguidores. En el prólogo, muy de Rodao, José Rodao atestigua sobre el libro: “Quizá algo candorosos estos trabajos, aunque sin llegar nunca a la ñoñería, exhalan todos cierto místico aroma y acusan el estilo sencillo, fácil, natural y correcto de Lucía Calle”. Mi biblioteca guarda su primer libro, este del que hablamos, de 1919, y el último, Del rosal de Castilla, un popurrí de obras en verso y prosa, 1969. Cincuenta años de permanente vocación literaria.

Lucía Calle es un ejemplo de esas mujeres que hallaron hueco en las páginas de El Adelantado. Desde la temprana y magnífica Colombine a María Belmonte, Rufina Rodríguez, Emilia Pardo Bazán, Blanca de Azevedo, o las hermanas Alfaya, María de la Paz y Concepción. Nuestra escritora protagonista se estrenó con un trabajo sobre el feminismo, en el que desarrolló una conferencia previa; siguió luego con temas femeninos, pero muy alejados de la concepción actual. No peco de presentista. Resumo su pensamiento en el título de una de sus conferencias: “Misión de la mujer en el hogar”.