La Novena, tradición ancestral

Sabido es que para muchos segovianos, la celebración anual de la novena a la Virgen de la Fuencisla, Patrona de Segovia y su Tierra, es uno de los acontecimientos religiosos de mayor raigambre. Antes, por celebrarse en su santuario; desde hace ya bastantes años, en la Catedral, y en esta última etapa, con las medidas restringidas en materia sanitaria. Pero no por eso deja de ser numeroso el público que asiste diariamente al novenario. Un novenario cuyo texto, naturalmente, ha ido cambiando al paso de los años, pues bastantes de ellos atrás se seguía el que fue compuesto por Tomás Baeza González, deán de la S.I.Catedral. Y me remonto al menos al año 1.944. Porque ya entonces era yo cofrade, dado que mis padres me dieron de alta en Septiembre de 1941. Época en la que la novena se celebraba en el santuario, donde en el centro del mismo había dos filas de bancos en sentido perpendicular a las rejas, reservados para los cofrades, que se situaban en ellos con las correspondiente medalla colgadas al cuello.

Por cierto que como el archivo personal que sigilosa y cautelarmente guarda la memoria te sorprende a veces con cosas que creías olvidadas, he aquí que el mío me trae el recuerdo de haber contemplado, desde los jardines del Alcázar, unos fuegos artificiales, con la imagen de la Virgen de la Fuencisla, prendidos en los altos de Las Peñas Grajeras. Dudas en un principio si ese recuerdo es cierto o producto de la imaginación, pero he aquí que, puesto a revolver papeles, libros y recortes del archivo, me encuentro con un testimonio de que sí existieron esos fuegos artificiales.

El 22 de Septiembre de 1.941, Francisco Franco dispuso un decreto que textualmente decía: “Se conceden honores de capitán general, siempre que salga procesionalmente, a la Santísima Virgen de la Fuencisla, Patrona de Segovia”. Firmaba el decreto el general José Varela Iglesias, muy vinculado a Segovia por circunstancias profesionales y familiares. A pesar de la claridad del decreto, todavía hay quienes creen que la Virgen es “capitán general”, dado que aún no parece que saben distinguir entre “ser” y “recibir honores de capitán general”.

Este decreto dio lugar a la preparación de unos solemnes actos, religiosos y profanos, con motivo de imponer a la imagen las correspondientes insignias que le daban derecho a recibir los honores militares referido. El acto tuvo lugar en la entonces Plaza de Franco, a las 12 de la mañana del día 31 de Mayo de 1942, asistiendo (y acudo a ejemplares de “El Adelantado” y “ABC” del 1 y 2 de Junio, que conservo) seis ministros, el nuncio de Su Santidad, cinco obispos y varios generales, ante un gentío que abarrotaba el recinto. En el momento de la imposición de insignias por el general Varela, una escuadrilla de aviones voló sobre el recinto, arrojando flores.

Previamente, el 20 de Mayo se había trasladado procesionalmente la imagen a la Catedral, iniciándose al día siguiente un novenario, con participación en las eucaristías de arzobispos y obispos, y entre los días 28 y 31 se desarrolló un variado programa de actividades deportivas y culturales, con conciertos, danzas regionales y el estreno en el teatro Juan Bravo del poema dramático-religioso de Mariano GrauMisterio de María del Salto”. También, con salida desde la calle de San Francisco, organizada por la Academia de Artillería, se organizó una cabalgata histórica para reproducir la entrada del Rey Felipe III cuando vino a Segovia para inaugurar el santuario de La Fuencisla. Los Gigantes y Cabezudos anduvieron por las calles, se organizó un concurso de escaparates y la Plaza estuvo adornada con tapices de la Real Fábrica. Catedral, Alcázar y Acueducto, y otros monumentos, estuvieron iluminados.

El último día de festejos, a las diez y media de la noche salió desde el Regimiento de Artillería nº 41 (hoy sede de la UVa) una retreta militar que finalizó en los jardines del Alcázar, desde donde se pudieron contemplar unos fuegos artificiales disparados en lo alto de las Peñas Grajeras. Es decir, que mi memoria era fiel y no me había inventado “eso de los fuegos” desde las peñas bajo las que se cobija el santuario.