La música renacentista española sigue abriéndose camino

Se acaba de publicar el Liber magnificarum (1607) de Sebastián de Vivanco por la editorial estadounidense A-R Editions, Inc. Los autores de esta publicación son Michael Noone y Graeme Skinner, que han tenido a bien dedicarlo al jesuita José López-Calo, que ha catalogado la música de muchas catedrales españolas, entre ellas la nuestra.

El musicólogo australiano Noone pasó por el archivo catedralicio en 1994 interesándose por la música de Benardino de Ribera. Ya más recientemente, el año 2001 vino a investigar sobre Sebastián de Vivanco, del que es especialista.

La polifonía española del siglo XVI ocupa un lugar destacado en la historia de la música europea. Se puede decir que según avanzaba la centuria se desarrolló en un crescendo de madurez. Los músicos españoles admiraron y glosaron las composiciones de los franco- flamencos de la corte de Carlos I, pero no se quedaron ahí, basta recordar a autores como Escribano, Pastrana, Flecha el viejo, Escobedo, Cristóbal de Morales, Ortíz y Vázquez.

Vendrían los maestros de capilla de nuestras catedrales a acrecentar en calidad y cantidad el magnífico repertorio polifónico quinientista español, calificado de muy expresivo y de sobriedad técnica. Se trata de música religiosa dotada de capacidad para adentrarse en los misterios de la fe. Los clérigos que la componen cumplen con su oficio de responder a las necesidades de los tiempos y fiestas litúrgicos, incrementando con misas, motetes, villancicos el fondo musical de los archivos capitulares.

De la época de Felipe II se podrían mencionar hasta 25 compositores destacados, ocupando los primeros puestos el dulce Francisco Guerrero, y el adelantado a su tiempo, Tomás Luis de Victoria.
Sebastián de Vivanco es uno de los egregios compositores a caballo entre los siglos XVI y XVII, nacido en Ávila, en torno a 1551 y fallecido en Salamanca en 1622 donde recibiría cristiana sepultura, que pasó por varias catedrales como Maestro de Capilla: Lérida (1573-1576), Segovia (1577-1587), Ávila (1587-1602), y Salamanca (1602-1621), habiéndose iniciado como niño de coro en su ciudad natal, e influenciado por el maestro de capilla Juan Navarro.

A Segovia llegó como subdiácono, y traería a su madre, recibiendo el presbiterado en el año 1581. Tomó posesión el sábado 9 de febrero de 1577 como muy hábil y muy suficiente. El cabildo determinó meses antes, que para este caso no se mandarían edictos, sino que se seguiría la vía electiva, que otros músicos determinaran su habilidad, y también que un racionero le visitara y le llevara un dinero.

Desde 1544 había ejercido el magisterio musical de la catedral Bartolomé Olasso, que había sido maestro de capilla de Astorga. Ocupó su puesto el cantor Antonio López desde el mes de agosto de 1576. De Sebastián Vivanco se valoraró su bondad y servicios para atender a sus peticiones de adelantos económicos. Se le gratificó por su buen trabajo en sus primeras y últimas Navidades segovianas, en las fiestas del Corpus de 1581, 1584 y 1586. Ya en 1584 había pasado de medio racionero a racionero obteniendo una capellanía. Desde Segovia tenía que haber enviado 300 reales a Francisco Guerrero, al que ayudaría años después en Sevilla, y se le preguntaría sobre un libro de magnificats de este compositor. Renunció a su plaza de Segovia el 31 de julio de 1587, siendo reemplazado por Pedro Serrano. La última noticia registrada en las actas capitulares sobre Vivanco es del año 1608 sobre el envío de 20 ducados por un libro que envió a la catedral.

Es uno de los grandes compositores, contemporáneo de Tomás Luis de Victoria, que sigue la estela de Morales y Guerrero. En el archivo catedralicio conservamos un libro incompleto de 42 motetes, un libro con 14 magnificats, y otro libro de polifonía con 9 Misas. Además, poseemos unas particellas manuscritas de su obra Et incarnatus est a 4 voces y acompañamiento.

El lector comprenderá ahora mejor la relevancia de la publicación que acaba de aparecer de Sebastián Vivanco. Es verdad que en vida de este compositor ya se publicaron sus Magnificats, pero se trata de una edición propia del siglo XVII, de gran formato para usar en facistol. Estamos de enhorabuena, por este trabajo que facilita el conocimiento y difusión de la música renacentista española.

(*) Archivero Catedral de Segovia.