La Ermita de San Frutos fue lugar de redención de ‘díscolos’

Encontrándome, como me encuentro, en la disyuntiva de no saber por dónde se va a ninguna parte –entendido de qué hilo tirar para llegar al ovillo y juntar unas cuantas letras-, pues me he dicho a mí mismo: ‘tira la moneda al aire y si aciertas bien, y si no, pues…’.

Y salió lo que sigue.

Priorato.- Lo que describo procede de ‘buena tinta’. Puede que muchos de los que leyeren la presente sepan que la Ermita de San Frutos se encuentra en un lugar apartado del ‘mundanal ruido’ (1), donde se ubicó el Santo eremita para apartarse de ‘to’, incluido el café de por la mañana. Bueno, pues tiempo hubo cuando el Patrón ya no habitaba el lugar, que estando bajo el ‘mando’ de la Abadía de Silos (1) el abad, éste u el otro, enviaban a los díscolos del Monasterio benedictino, que alguno hubo, a purgar sus ‘culpas’ a la Ermita. No es que fuera una prisión semejante al Alcázar de la ciudad, que no. Pero para los que iban destinados a un lugar u otro no dejaba de ser ‘hogar’ de cumplimiento de penas o, también, antesala de juicio ‘sumarísimo’.

He leído que en la Ermita estaban entre dos y cuatro meses. Que ya era un largo plazo. Este acababa cuando el abad llamaba de vuelta al ‘díscolo’ y este, postrado en sumisión, admitía que ‘no volvería a suceder’, o texto parecido. Mas, y para dejar constancia de la dureza en el cumplimiento del castigo, relato lo que sobre el lugar dejó escrito el abad Gerónimo de Nebreda en el siglo XVI: ‘El sitio de este Monasterio es de los más ásperos, retirados y espantosos que hay en España. El recinto es harto estrecho, no tiene tierra ni para una pequeña huerta, no tiene agua…’ ‘(situado) en medio de un desierto, sobre una peña se domina un profundo desfiladero, donde el río Duratón cavó una zanja de alrededor de 300 metros…’.

Lo que viene a demostrar que no eran vacaciones precisamente las que pasaban allí los que cumplían castigo ordenado por el abad de turno. Dejando también constancia de que el viaje desde la burgalesa localidad de Santo Domingo de Silos hasta la Ermita, 118 kilómetros, ya fuere a lomos de un asno o carro destartalado, no era ningún placer. Vamos, digo yo.

Al hilo de estas ‘cosas’ permítanme. Hago saber que fue Alfonso VI, agosto de 1076, quien encontrándose en Navares, tierras de Sepúlveda, donó el Priorato al abad D. Fortunio o Fortún, y que fue éste quien decidió levantar en el lugar una iglesia. Ésta fue consagrada por el arzobispo de Toledo D. Bernardo en el año 1100. Y siguiendo el hilo, ya por el año 1857 fue el obispo de Segovia, Rodrigo Moreno Echevarría y Briones (2), que había ejercido de abad de Silos hasta la desamortización (la del señor Mendizábal) quien evitó que la piqueta entrara en la Ermita. La querían derribar. Otra burrada del gobierno de turno. Más/menos. Pasan los años y erre que erre.

¡Vaya corte!

Ovejas y lana.- Sitúese el lector en el siglo XVIII (1750). In illo témpore se esquilaban en primavera y en Segovia alrededor de 750.000 (setecientas cincuenta mil), ovejas merinas (40 esquileos había). Ello significaba la quinta parte de todo el contingente de ganado lanar que constituía la trashumancia. Necesario era contar con lugares donde poner guapa la lana. Pues no era lo mismo vender en bruto que con la ‘cara lavá’. Para ello, para limpiar, había en aquella lejana época 12 lavaderos. A saber: Segovia (término de Zamarramala) 4, Villacastín 2; Ortigosa del Monte, Santo Domingo de Pirón (Alfaro), Santo Tomé del Puerto (Aldealapeña), Siguero, Navas de Riofrío y Riaza, tenían uno.

Algunos de ellos contaban con ‘caudalosos’ ríos (Eresma, Duratón…), otros utilizaban ‘charcones’ en lugares cerrados, donde habían almacenado agua. A los efectos digo que los métodos de aquí tenían tanta fama allende las fronteras, que empresarios franceses de la lana vinieron en ‘comisión’ a observar el cómo se hacía. Y, cuenta Ángel García Sanz (3) en ‘Estudios Segovianos’, que el lavadero visitado fue’ el del Eresma, junto a San Pedro Abanto’.

Podría alargarme más, pero pa qué cansar.

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(1) ‘¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!’
(Oda con que se inician las diversas ediciones de la obra poética del agustino Fray Luís de León) -Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes-.

(2) Monseñor Echevarría nació en San Millán de la Cogolla 17/4/1790. Falleció en Segovia 21/12/1875. Desempeñó el cargo de abad de Silos entre 1832 y 1835. Nombrado obispo en 1857 permaneció al frente de la diócesis hasta su muerte. Estaba en posesión de la Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Siendo obispo sufrió un atraco a manos de El Tuerto de Pirón, Fernando Delgado Sanz, siendo amenazado a punta de navaja. Sucedió pocos meses antes de morir.

(3) Ángel García Sanz, ‘Antiguos esquileos y lavaderos de lana en Segovia’. Nació, 1946, en Fuentelcésped (Burgos). Murió en Segovia en el año 2014. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca, nada más acabar (1969), se puso a investigar en los archivos de Segovia. Fue académico, economista, catedrático de Historia Económica en la Uniersidad de Valladolid, especialista en historia económica agraria, la mesta, trashumancia y negocio lanero, comercio… sus publicaciones, tan numerosas como de extraordinario interés, pasan por ‘Desarrollo y crisis del antiguo régimen en Castilla la Vieja, economía y sociedad en tierras de Segovia de 1500 a1814’; ‘Propiedades del Cabildo segoviano’ siglo XIII; ‘Manipulación y falseamiento de la historia de Segovia y de Castilla’. (El texto fue escrito a dúo con Juan Muñoz García, coincidiendo con la época en la que se planteó la creación de una autonomía uniprovincial en Segovia); ‘Competitivos en lanas, pero no en paños’, publicado en la Revista de Historia Económica…

Fue primer director, a la vez que impulsor, de la Universidad de Verano de Castilla y León (1998); miembro de la Real Academia de la Historia y de San Quirce; director de la Revista ‘Agricultura y Sociedad’ (1991)…