La doncella y el barón

Las vueltas que da la vida, incluida la de cada cual, y lo imprevisible que es coordinar sus coordenadas. Cierto es que hay casos y casos. Algunos con pasajes tan impredecibles como el que rodeó al barón de Ripardá (Juan Guillermo de Repperdá y Diest).

Nacido en Holanda en 1682, fueron sus padres Ludolfo y Mª Isabel que, considerados católicos, llevaron al niño a estudiar a un colegio de jesuitas. Cundo acabó estudios decidió ‘acogerse’ al calvinismo (1).

Pasando por alto detalles de su adolescencia y juventud describo, grosso modo, su caminar desde que entró al servicio de Felipe V en calidad de asesor. El rey no quiso hacer caso de informe alguno que le prevenían sobre el personaje. Contrató al holandés, le puso sobre un pedestal y fue tratado con gran consideración. Desempeñó la Secretaría de Estado, fue embajador en Viena, le concedió el título de duque y grande de España…

Mas su buena estrella se fue apagando. Acusado de delitos, de deslealtad, malversación… que el rey se resistía a creer, en el año 1726, acosado por quienes no creían en él (‘vanidoso, presuntuoso e imprudente…’), se presentó ante el Rey dimitiendo de todos sus cargos. Observando el de Ripardá que aquello podía acabar peor, se marchó de palacio y se confinó en la casa del embajador británico. El acogimiento no fue bien visto por la Casa Real que, sin contar hasta tres, ordenó a su gente entrar en la embajada y detener al holandés. Conflicto diplomático.

Unos días después, 13 de mayo de 1726, a sus 44 años de edad, Ripardá llegó preso al Alcázar de Segovia. Y aquí, justo aquí, comienza una historia de amor ‘rocambolesca’.

La Casa del Rey lo puso bajo la custodia del alcaide. El preso fue tratado ‘con gran consideración`, ya que su comportamiento ‘era amable’. Debido a esa aptitud -que se demostró ser interesada -, se personó ante el alcaide:

-Pido permiso para acudir a las tertulias de mujeres que organiza su esposa.

El alcaide no puso objeción alguna. A la reunión acudían varias señoras de la ciudad, entre las que se encontraba Josefa Fausta Romero, doncella de la alcaidesa. Ambos, él y ella, se hicieron amigos. Muy amigos. Más que amigos… La relación interesaba más a él que a ella. Así se demostró en las constantes insinuaciones del barón.

Una tarde de aquellas de tertulia, pasado ya un tiempo, Josefa Fausta, en un apartado y entre sollozos, le dijo a Juan Guillermo:

– Estoy embarazada. ¡Esto es un deshonor para mi familia y tengo que marchar de Segovia!

Para el barón la cosa iba “de miel sobre hojuelas”. Le estaba saliendo el plan. Por ello, en su contestación como “caballero” no hubo duda:

– Me ofrezco a seguirte si me ayudas a fugarme.

Prepararon el plan. Josefa Fausta se encargó del ayuda de cámara del prisionero y del sargento vigilante. Regalo por aquí, carantoña por allá…El preso consigue soga, se la ata al cuerpo, desciende desde un balcón, salva la muralla, pasa el Clamores y sale al arrabal de San Marcos. Por el camino de Zamarramala llega a la Veracruz donde le esperan amigos con caballos y ropa para disfrazarse. Ya de noche llegan a Carbonero.

En la fortaleza el ayuda de cámara situado a la puerta de la habitación/celda, contesta a quien preguntaba por el preso:

– No puede recibir a nadie por estar enfermo.

La coartada había sido perfecta. Nadie se enteró de la huida hasta pasado el tiempo suficiente para poder estar lejos.

Entre tanto, en otro lugar del castillo/fortaleza, Josefa Fausta, bajo pretexto de tener que viajar, dijo a la alcaidesa:

– Le pido permiso para visitar a una amiga que tengo en Valladolid.

Concedida la petición de la doncella, esta partió hacia Carbonero en coche de caballos, lugar donde se reunieron los dos amantes. En su planeado viaje llegaron a Portugal y embarcaron para Inglaterra. Siempre acompañado de Josefa Fausta, con la que tuvo dos hijos, regresó a Holanda y acabó “asesorando” al rey de Marruecos, país donde fue detenido. Falleció en Rabat. Tenía 55 años. Josefa Fausta, su última esposa -había tenido antes otras dos- murió en Tanger.

Sobre él escribió el francés M.G. Syvetón (2): “su espíritu aventurero y contradictorio lo hundió en la desesperación y la miseria”.

(1) Teología protestante surgida en Suiza. Siglo XVI. Fu su creador Juan Calvino.

(2) Boletín Real Academia de la Historia, enero 1897.