La del Soto del Parral y el segoviano Carreño

Llegados al último mes del ‘maravilloso’ año 2020; inmersos en la llamada a ‘to’ el personal para que el consumo no decaiga, que el bicho no coja ‘cacho’, que la mascarilla no sea obstáculo persistente que impida comer, hablar o entender al que habla… Pues eso, que compré las notas siguientes durante el periodo Black Friday (¡viernes negro!) y como me salieron baratas, pues, que a lo peor no encajan en lo que usted espera de las rebajas.

Por si eso… ¡Allá que te va!

La del Soto del Parral
Sepan que la referida zarzuela se estrenó en el teatro de la Latina de Madrid el 26 /10/1927, con éxito indiscutible. Tanto, que simultáneamente se ‘ponía’ en el Apolo.

Ambientada en Segovia, fueron autores del libreto Fernández García ‘de Sevilla’ y Salvador Cuadrado Carreño, este, nacido en Segovia el 21/4/1896; miembro de una rica familia de fabricantes de alfombras, fue un prolífico escritor con cerca de un centenar de obras. La música la pusieron Reveriano Soutullo y Juan Vert.

Los autores de la letra la dedicaron a la ‘recia tierra castellana’, en cuya tradición, hidalguía y pintorescas costumbres hallaron ambiente. Algo que ver en ello tendría nuestro paisano Carreño. Un año después, la Zarzuela (14/1/1928) llegó a Segovia para exhibirla en el Teatro Cervantes.

Aquí la puso en escena la compañía lírica de la que era director y actor Eugenio Casals, en la que actuaba como barítono uno de los mejores de España: Emilio Sagi-Barba. La compañía permaneció actuando cuatro días en Segovia, si bien ‘La del Soto’ solo se representó sábado y domingo, ‘con expectación enorme y lleno rebosante’, en información de El Adelantado.

Sobre la actuación del ‘cuadro’ se escribió que fue ‘primorosa’, con Sagi Barba ‘tan maestro como siempre’, bajo la ‘extraordinaria’ dirección de Casals y en la de su personaje en el ‘Tío Damián’.

Asistieron a las representaciones los autores de la obra ‘que fueron llamados a escena en infinidad de veces’. Destaca en informador el hecho de que ‘en el tercer acto se presentó una magnífica vista de Santiuste de Pedraza’.

De la importancia que tuvo en Segovia de la puesta en escena de la referida Zarzuela, no sería ‘prudente’ dejar pasar un breve repaso retrospectivo. De las páginas de este diario –historia del paso de los tiempos-, hemos entresacado lo que sucedió alrededor del estreno.

En el último día de estancia de la compañía en la capital, el Ayuntamiento reunió en los salones del Hotel Fornos (Infanta Isabel) a todos sus componentes en una comida, a la que también acudieron el gobernador civil, alcalde, presidente Diputación… Así como los autores de letra y música y el también escritor Rincón Lazcano, autor de ‘La Alcaldesa de Hontanares’.

El autor Fernandez de Sevilla, en nombre de todos los miembros de la Compañía, agradeció el acto y las palabras del alcalde Segundo Gila, para acabar diciendo que ‘con la obra han triunfado Segovia y Castilla’.

Tras la comida se desplazaron al Hospicio, donde los acogidos les obsequiaron con danzas y paloteo. Casals, en nombre de la compañía, hizo entrega de un donativo de 200 pesetas para cubrir necesidades del Centro.

Acabar este ‘informe’ sin dar oportunidad de conocer al quienes leyeren de lo que se ‘degustó’ en la referida comida, y estos hayan de salir a la calle a enterarse de ello ‘por terceros’, gustosamente (¡je!), les traemos la carta:

Entremeses, sopa de fideos, cocido, langostinos con mayonesa, queso, frutas, ‘champagne’, licores, cafés y habanos.

No me olvido, no podría, de las muchísimas ocasiones en las que nuestro Cuadro Lírico ‘Julián Gayarre’, ha puesto en escena, con éxitos indiscutibles, la obra desde la década de los cincuenta. Y lo más importante, continúan.

Sepúlveda
La siempre extraordinaria localidad segoviana, referido el comentario al año 1889, contaba con 2.400 vecinos. Mantenía ‘vivas’ dos fábricas de harina, cuatro molinos, una fábrica de jabón, una de sombreros, tres de cordelería, cuatro de curtidos, un tinte… La próspera villa mantenía comunicaciones, con coche diario a Segovia, Riaza, Aranda de Duero, Madrid y Burgos.

Preferencias
Año 1520. Las tabernas, abrían los domingos por la mañana, por lo que los hombres no iban a Misa, ya que preferían ir a estos lugares antes que a la Iglesia. Estos ‘establecimientos’ ofrecían una vía de escape, una sustitución. Eran ambientes asociados al pueblo llano, en los que desconectar.