La dama herida

Cabeza Reina siempre se ha movido entre el amor y la desidia. El amor de la tierra hacia un monte con vocación de Cenicienta, engarzado en el corazón de su gente, y la dejadez de la administración pública que se sirve de la montaña con avidez justificativa. Debe de ser cosa de gobernar desde los despachos.

Cabeza Reina es una dama herida por el progreso; la catenaria del tren, las arterias de Madrid y las líneas eléctricas dibujan sus cicatrices. En 1996, Mar Cuesta, denunciaba en El Adelantado de Segovia la instalación de una torre de telefonía que rompía el paisaje; había alternativas. Suma y sigue que aún no cesa. Me cuentan –ojalá sea un rumor- que, junto al emblemático castillete, la Junta de Castilla y León levantará una valla con una torre de vigilancia de… ¡15 metros de altura! La coartada es la prevención de fuegos, como si los fuegos se extinguieran con torres y no con la limpieza del monte. ¿Habrá subido a su cumbre quien dicte la resolución autorizando el nuevo adefesio? Si no es así, desde estas líneas le invito a que lo haga. Observará el impacto paisajístico, la suciedad de leñas muertas y que el fuego no se apaga con una torre que, por cierto, ya existe en la cumbre; los incendios se atajan con la limpieza del monte en invierno. Y Cabeza Reina necesita esa limpieza y no un nuevo engendro que únicamente valdrá de coartada en caso de tragedia.

Y mientras escucho, sigo preguntándome: ¿Qué fue del roce forestal?