La ciudad que sintió y vivió el Marqués de Lozoya

De y sobre Segovia se ha escrito una ‘jartá’ a través de nuestro recorrido en la historia. Algunos, inclusive, lo han dejado enmarcado para la posteridad -¡el que venga detrás que arree! que decía el ‘mandamás’ al pastor-.

Hay descripciones para gustos y colores. A mí una que me ‘mola’ es la que escribió Juan de Contreras para el prólogo de ‘El Libro de Segovia’ (1), ‘No creáis –escribe el Marqués de Lozoya-, saber algo de Segovia porque hayáis recorrido por espacio de algunas horas sus callejas y sus plazuelas, y porque os asomasteis algún día a las murallas para contemplar desde ellas los valles del Eresma y del Clamores. No creáis saber de ella, aun cuando busquéis en un vademécum para viajeros la historia de cada iglesia y de cada palacio. De la Segovia que no es piedra ni ladrillo, sino espíritu, sólo sabemos algo los que hemos vivido en ella, día por día, durante muchos años, nuestra vida vulgar, de cotidiana monotonía, impregnada a veces de un hastío que agudizaba nuestra sensibilidad para captar los matices más sutiles de cada hora del día, de cada estación del año, de cada ciclo litúrgico…’.

¡Y olé!

No me digan que no define bien lo que él vivió en la ciudad que le vio nacer y morir y, como dejó escrito en sus memorias ‘a ella estuve vinculado durante toda mi vida’.

Una ‘larga cambiada’, término taurino (2), para contarles una de salarios máximos/mínimos. Al efecto digo. Año 1927. Se aprueban en el Ayuntamiento, primeros días de enero, los ‘dineros’ para determinados puestos que conforma la plantilla ‘inorgánica’, o así, de la municipalidad. A saber:

Guardia municipal, guarda de jardines y barrendero: 4,50 pesetas/día.

Bombero: 5 pesetas/día.

Fue por aquel tiempo cuando el kilo de carne en la ciudad había aumentado en 5 pesetas. Hubo revuelo.

Fuera de la ciudad, concretamente en Carbonero el Mayor, la plaza de guarda para servicio urbano tenía un salario de 2.000 pesetas/año.

Corolario: acaban de subir el S.M.I. en 15 euros/mes (2021)

‘Siempre me dices lo mismo…’ Zarzuela ‘La del Soto del Parral’.

¡Canta, que al que canta… el hambre se le pasa! ¿O no?

Algo diferente para ‘arreglar’ el día. Escribo sobre enterramientos del siglo XVIII. Desde el Consistorio de la ciudad denuncian: ‘existen graves inconvenientes al no llevarse a efecto las órdenes sobre cementerios, pues aún se sigue enterrando en las iglesias’.

En San Miguel: ‘se ha cambiado de pavimento, y el lugar desprende tales olores que cesó el culto, diciendo solo una misa semanal’. Y para que el número de los que acudiera fuera mínimo se dio silencio a las campanas.

Similar situación se daba en la Catedral y en San Francisco, pues se enterraba en las capillas donde no había ventilación. A los efectos de curiosidad: habiéndose construido cementerio en San Ildefonso, las familias traían los cadáveres de allí para enterrarlos en las iglesias de la capital.

Ahora ‘to’ es ceniza.

Mini biografía

Pedro Zúñiga y Otero. Segovia 1850-1935. Desempeñó el cargo de notario eclesiástico de la diócesis. Alcalde de la ciudad entre los años 1910 y 1913; Consejero y Secretario del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros y M.P., en cuyo puesto permaneció medio siglo. En 1907, y durante un breve espacio de tiempo, dirigió el Diario de Avisos, siendo también miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País. Concejal de Turismo desde 1884 hasta ser nombrado alcalde, donde realizó una gran labor divulgadora de la ciudad. Año 1910. Acude al III Congreso Internacional de Turismo celebrado en Toulouse. Su viaje costó al Ayuntamiento 954 pesetas, ‘gasto al que si el Ayto. no puede hacer frente por considerarlo alto, estoy dispuesto a abonar de mi bolsillo particular’. En 1911 publicó ‘Segovia Monumental’. Fue el camino inicial para que se celebrara en la ciudad el Congreso Nacional de Turismo. Su residencia familiar, junto a su esposa, hijo y dos hijas, la tuvo en la c/ Dr. Velasco 5, en la parroquia de San Esteban. Falleció en Segovia a los 85 años.
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(1) Jaime Delgado, catedrático. El libro lo escribió en 1974. Falleció en Madrid, 1993. Está enterrado en Segovia.
(2) Vaya mi aplauso a las extraordinarias crónicas taurinas de Alejandro Martín, redactor de este diario. Es una delicia leer lo que describe.