La Benemérita y el felón

Es difícil escribir después de ver en televisión cómo unos crueles narcotraficantes con premeditación y alevosía arrollan sin piedad con una veloz narcolancha a una pequeña zódiac de la guardia civil, con el fatal resultado de dos agentes asesinados y dos heridos. El desgraciado suceso encoge hasta la última víscera del cuerpo y produce indignación y consternación.

Y todavía no sabemos la verdadera razón por la que fue disuelto el OCON-Sur (Organismo de Coordinación de Operaciones contra el Narcotráfico), ese cuerpo de élite de la Guardia Civil, con 150 hombres disponibles las 24 horas del día. Lo que sí sabemos es que la decisión fue tomada por la Dirección General de la Guardia Civil, aunque por encima está el ministro del Interior que debería haberse negado a ello.

El portavoz de la asociación profesional Jucil, Agustín Leal, se preguntaba en una emisora de radio que a quién beneficia el tráfico de drogas en Andalucía, dónde están las miles de hectáreas en las que plantan hachís, a quién pertenecen y a quién beneficia que OCON-Sur haya desaparecido. Como no se da ninguna explicación, es lógico que la gente especule, y siempre en la misma dirección como es natural, porque el hachís representa un 10% del PIB de Marruecos y de su cultivo viven 90.000 personas.

Pero lo cierto y verdad es que OCON-Sur multiplicó las detenciones y los apresamientos de droga, aunque desde su desaparición los narcos se han crecido hasta tal punto que había varias narcolanchas refugiadas el día de la tragedia en el puerto de Barbate con toda impunidad. Mientras tanto, las cinco patrulleras capaces de enfrentarse a los narcos estaban rotas y sin reparar por falta de dinero. Además, dos semanas antes del vil asesinato la propia Guardia Civil alegó por escrito que su flota “no resiste violentas embestidas” de los narcos.

Si todo esto no fuera suficientemente lamentable, el Director General de la Benemérita presionó al Director Adjunto Operativo de la Guardia Civil para que prohibiese a los agentes asistir a los actos de condolencia. No contaban con la valiente actuación de la viuda de uno de los guardias civiles, David Pérez Carracedo, que con toda dignidad y decisión impidió al ministro Marlaska colocar una medalla en el féretro de su marido; esta sorprendente situación provocó que se produjera un gran clamor en el seno de la Guardia Civil que hizo que se reconsiderase aquella insólita prohibición.

El ministro Marlaska es, a mi juicio, el responsable último de toda esta penosa situación por lo que debe dimitir sin demora. Es inaudito oírle decir con toda tranquilidad que no lo piensa hacer. Por lo tanto, el presidente del Gobierno debería cesarle. Pero claro, ¿cómo va a cesarle aquel que, en vez de solidarizarse y acompañar a los familiares de los guardias civiles asesinados, la noche de luto se va tranquilamente a los Goya? Ahí se ve la empatía de este personaje, porque en cualquier país de nuestro entorno el presidente habría viajado de inmediato al lugar de los hechos. Y por cierto, en el acto de los Goya donde hablaron muchas personas, ninguna fue capaz de dedicar una sola palabra ni un recuerdo a estos guardias civiles vilmente asesinados.

Los guardias civiles se sienten abandonados, con ausencia absoluta de medios para luchar contra el narcotráfico, y sin la protección debida. Además, soportando tanto ellos como la Policía Nacional, la diferencia abismal de medios materiales y salario respecto a las policías autonómicas. Y al mismo tiempo el resto de los españoles nos sentimos apenados, pero también avergonzados de la actuación de un ministro que ni da la talla, ni respalda ni respeta a sus subordinados.