Julio Montero – La verdad del Catch y de la universidad

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La lucha libre, el “catch”, el Wrestling en su versión profesional, gana adeptos continuamente y en todos los sitios al parecer. Se ha adaptado estupendamente a la televisión, ha construido su propio canal de pago o ha llegado a acuerdos con cadenas para transmitir sus combates en exclusiva (siempre relativa claro). Su nivel de espectacularización es cada vez mayor y se ha abierto, como tantas actividades violentas al protagonismo femenino que quiere también dejar su marca en este negocio.

Al buscar en la socorrida Wikipedia una información básica te encuentras con todo tipo de entradas que señalan la historia de esta actividad (desde que Jacob luchó una noche entera con el ángel) hasta otros datos ilustrados que recorren su existencia entre los griegos, el medioevo, la modernidad y la contemporaneidad. Sólo un pequeño epígrafe señala, de manera no demasiado neta, lo que en realidad ocurre en cualquier ring en que se practica esta especialidad y que todo el mundo conoce salvo algún despistado menor de 12 años.

En 1961 un equipo de realizadores de documentales canadiense siguió a una troupe de esta modalidad empeñada en hacer creer que aquello era no solo verdad, sino la verdad (La Lutte). Y es en verdad una verdad: como los reyes magos… y como la seriedad de las pruebas on line que han realizado nuestras vetustas universidades presenciales a sus estudiantes con motivo del coronavirus.

Si uno se documenta bien se encuentra con buenas respuestas institucionales de universidades presenciales, para atender la impartición de docencia a sus estudiantes en modalidad a distancia. Si se atiende a porcentajes son notablemente mejores y sobre todo más homogéneos los de las universidades privadas. Como siempre eso no impide ni muchísimo menos que varias universidades públicas se hayan volcado en la docencia on line y que lo hayan hecho muy bien.

Pero esas respuestas no son las predominantes. Basta con preguntar a los estudiantes y rascar: no son pocos los profesores que han puesto a disposición de sus estudiantes sus resúmenes de clase, sus powerpoints, incluso algunos con grabaciones en audio. Otros muchos, no sabían ni entrar en la plataforma. Es desde luego un esfuerzo loable que debe valorarse positivamente, pero eso no es enseñanza on line. Unos no han hecho otra cosa porque sencillamente ni sabían ni saben. No hay que culparles. Su trabajo hasta ahora era otra muy distinta y cambiar literalmente de un día para otro es sencillamente imposible.

Otras universidades, incluidas algunas públicas presenciales, han dado el salto de manera decidida y bien. Varias utilizaban ya plataformas en su docencia habitual. Incluso impartían titulaciones en esta modalidad. Habían avanzado ya. Su problema ha sido intensificar y ampliar una experiencia ya asumida por parte de su profesorado como una forma de trabajo habitual.

Las privadas no han tenido más remedio que lanzarse: unas con experiencia y otras sin ella; aunque es rara la privada española que no imparte alguna titulación on line. Ellas se lo jugaban todo: tener estudiantes matriculados el próximo año y cumplir sus compromisos de este pandémico era lo mismo.

Pero si se tiene memoria, y se escucha un poco, abundan los profesores universitarios que desprecian lisa y llanamente la enseñanza on line: así lo han manifestado durante años, hasta hace un mes, muchísimos rectores, decanos, catedráticos, titulares, ayudantes, etc. Ahora, milagrosamente, el máximo representante de las universidades españolas ha declarado sin ambages: “la mayoría de los alumnos está siguiendo la docencia on line. En el 90% de los casos está funcionando bien. En junio la tasa de éxito va a ser si no igual, un poco superior. No porque haya bajado el nivel, sino porque está habiendo mayor relación entre el profesor y el alumno.”

En fin: los estudiantes deben estar tranquilos porque (aunque no lo sepan) su nivel es mayor del que hubieran tenido con enseñanza presencial. Por eso, los más responsables clamarán para que ahora todo se imparta de forma moderna. Pero en el fondo es como el Wrestling en la wikipedia: un montón de verdades que no tienen nada que ver con el asunto, bastantes afirmaciones ambiguas y la seguridad de que la lucha es lucha y el Wrestling solo es apariencia de lucha y mucho espectáculo.