Julio Montero – Héroes normales

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La creación de héroes sigue dos vías fundamentales. La más frecuente, aunque actúe caso a caso, es la que provocan los sinvergüenzas. Es habitual que el desaprensivo no tenga tampoco sentido de la medida y exija a la gente que le rodea, o con los que se relaciona, la comisión de delitos más o menos graves, más o menos establecidos en el código penal, pero que en cualquier caso causan un mal efectivo, directo y contrario a sus legítimas aspiraciones, al derecho a varias personas.

Con relativa frecuencia estos desaprensivos que quemarían la casa de cualquiera para freírse un par de huevos, sencillamente porque les apetece, se encuentran con alguien honrado que les dice que no. Que no van a hacerlo: que eso es una monstruosidad y que no cuenten con su colaboración para la comisión de ese acto injusto. Y el jefe tirano suele quitarse a esos honrados de encima, simplemente porque están dispuestos a cumplir con su deber. Así es como personas honradas se convierten en héroes. Pasa todos los días y en muchos sitios y en muchos niveles de la vida social, administrativa, política, cultural, etc. Son héroes anónimos y a la fuerza: en realidad se limitaron a cumplir con su deber.

Menos frecuentes son las crisis de verdad, las gordas, como la que ahora tenemos encima. En ellas se transparenta de golpe y porrazo la calidad del personal. Prudentes, miedosos, valientes, insensatos, imprudentes, hábiles, torpes… todos quedamos retratados en estas situaciones. Uno puede echarse a llorar por la gente flojilla que empieza a flotar: es una opción. Pero infinitamente mejor es que de repente también se descubre a un montón de héroes que jamás hubiéramos pensado que lo fueran.

Además, ahora, las redes sociales ayudan a que esta efervescencia del bien se manifieste con naturalidad. Porque quienes destacan no necesitan campañas de lavado de imagen, ni de refuerzo de perfil. Ni siquiera de empeño en construir marca. Cuando acabe la crisis nadie se acordará de ellos y los voluntarios lo saben… y no les importa. Por eso son héroes.

Son los que han puesto un cartel en la puerta de su vecinos presumiblemente más débiles, en el que se ofrecen a llevarles alimento o medicinas o lo que hubieran menester. O los que se han ofrecido voluntarios para lo mismo en sus parroquias, o han llamado a sus amigos para ofrecer igualmente su colaboración en caso de necesidad más o menos perentoria.

Pero los héroes del momento que más me gustan son los que se ganan los galones porque cumplen con su trabajo profesional en beneficio de todos y para asegurar que funcionan los servicios estrictamente necesarios para que todos podamos sobrevivir literalmente. Desde luego los médicos, enfermeros y todo el personal que trabaja en el sector sanitario en general. Han sido la primera línea que ha soportado el choque inicial y los que se mantienen en el frente primordial. Pero se acaban de subir al mismo carro todos aquellos que mantendrán abiertos los establecimientos que permitirán adquirir alimentos o productos de primera necesidad. Que se haya incluido el tabaco entre ellos no deja de ser paradójico. Ahí están quienes cubren todas las líneas de transporte que posibilitan el abastecimiento, los que atienden en los establecimientos al público y los que trabajan detrás, en los servicios de logística de todo nivel. Y pronto se sumarán los militares que aseguren los cordones que se establezcan y que apoyen las operaciones anteriores de salud y abastecimiento.

Y no se habla de ellos, pero ya empiezan a ser una multitud, quienes han tenido que “adelantar” sus vacaciones para evitar el despido inmediato y empiezan a tener un nivel de angustia creciente. Y más aún los que se han quedado sin trabajo, o no han conseguido el que cada año solían tener por estas fechas. Y quienes atienden que sus hijos hagan los deberes que sus maestros les han puesto. Y quienes han debido asumir una modalidad de trabajo que no dominan, porque no todos han sido capaces de asimilar y manejarse con destreza mediante los ordenadores e internet. Todos estos, cuando mantienen el sentido positivo, se aguantan sus deseos de quejarse y de alarmar, controlan sus nervios y no transmiten ni miedos ni angustias, deciden no ser profetas de desgracias… son héroes.

En fin. Algo bueno ha de tener esta crisis: nos han crecido héroes por todos lados y hemos caído en la cuenta de que vivimos rodeados mayoritariamente de gente buena.

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(*) Catedrático de Universidad.