Julio C. Santos Pastor – En estos días… de abrazos prohibidos

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En estos días de abrazos prohibidos, en los que los aplausos forman ya parte de nuestras vidas, en los que hemos agotado todo el catálogo de super héroes o todos los adjetivos superlativos para el personal sanitario, poco, muy poco se ha dicho de un colectivo sanitario fundamental: los especialistas en formación, comúnmente llamados residentes.

En estos días de abrazos prohibidos, de sonrisas ocultas, de miradas brillantes, hemos tenido la gran fortuna de teneros a nuestro lado. No solo vuestra presencia nos ha dado fuerzas, sino que habéis sido un ejemplo de dedicación, de sobre esfuerzo y actitud. No se os ha puesto nada por delante, habéis vencido a los dragones del miedo, os habéis puesto una coraza y lanzado a lo que hace años elegisteis, ser sanitarios. Pero por debajo de esa coraza, no dejasteis de ser personas, de preocuparos de los pacientes, de sus familias, de llorar por la rabia y la frustración ocasionada por este maldito virus. De agotaros física y mentalmente, y siempre estar dispuestos a seguir, a ir dónde hiciera falta, y sin perder la sonrisa oculta por las mascarillas, pero reflejada en la mirada.

En estos días de abrazos prohibidos, alguno de vosotros finalizáis la formación y empezaréis a volar solos, y aunque el maldito virus nos impide despedirnos con abrazos, no por ello quisiera pasar la ocasión de dedicaros unas palabras a vosotros y a los que todavía continuáis formándoos con nosotros.

Quién nos iba a decir cuando empezasteis hace unos años, que la intensidad de estos dos últimos meses nos iba a marcar a fuego. Nadie nos ha preparado para afrontar una crisis sanitaria como la que estamos viviendo, ni en la Universidad ni en la formación como especialistas. Nos quedamos con cicatrices en el corazón, pero con aliento de esperanza en el alma. Esperanza de sentirnos muy orgullosos de la generación de médic@s, enfermer@s y farmaceútic@s que tenemos.

En los últimos años, en formación sanitaria especializada hemos hablado constantemente de adquisición de competencias, del desempeño y del ejemplo del tutor como parte del aprendizaje. Y en estos días de abrazos prohibidos, habéis sido competentes con la situación generada por el Covid-19, habéis desempeñado vuestra labor con solvencia extraordinaria y el ejemplo habéis sido vosotros. Solamente me cabe daros las gracias. Gracias por hacernos mejores profesionales, por hacer que no perdamos la humanidad, por hacer que nos detengamos a reflexionar y dudar, en definitiva, por hacernos mejores.

En estos días de abrazos prohibidos, no me resigno a no daros un cálido abrazo, aunque sea en la distancia, a compartir una lágrima de emoción por lo vivido, y a convertir los abrazos prohibidos en abrazos pendientes.


(*) Jefe de Estudios Atención Especializada y UDM Atención Familiar y Comunitaria de Segovia.