José María Martín – Todo pasa y…

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Si no hubiera sido por las circunstancias que un virus ha impuesto a la humanidad, donde también está presente España, la temporada deportiva habría acabado para la mayoría de los deportes de competición. Nosotros, los que escribimos esta columna quincenal, seguro que habríamos apagado ya las luces que se encienden en el ‘coco’ cuando de darle a la tecla se trata, y con el verano encima nos dedicaríamos, más/menos, a la rutina. Pero…
Al conocido camino del paso de los años anteriores le ha salido una curva que por falta de señalización, no solo cambió la carretera, que sería lo accesorio, también nuestras vidas. Las que se perdieron con la muerte. Mientras que otras, porque el virus perdió la guerra contra esas defensas, vieron modificado su vivir diario.

He ‘visitado’ a Antonio Machado y, como mejor lo aplique quienes leyeren estas líneas, me ‘dejo’ uno de sus poemas para el recuerdo a quienes, dentro y fuera del deporte, marcharon cogidos por la negra presencia de un virus, con la impotencia de quienes lucharon por salvar sus vidas con los medios de que disponían, y el llanto de sus familias por no estar presentes en su despedida: la tarde más se oscurece; y el camino se serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece.

Mas la vida no termina. La tierra se mueve. El deporte queda tocado pero no hundido. Recuerdo para los que no están y cariño inmenso para los que, pasándolo mal, no cedieron a la imposición del ‘malware’. Tampoco la temporada acabó para ellos. Larga vida.
Como final de campaña, y a modo de requiebro, mi deseo de que deporte y deportistas regresen a su quehacer diario. Que el que guste de él tenga ocasión de verlo, practicarlo y disfrutarlo de cerca –como siempre, o casi, fue-, y que los que en él busquen cualquier meta, la consigan.

Volver la vista atrás puede ser bueno, si no es para convertirse en estatua. Mirar hacia adelante será siempre positivo. Y…

¡Háganse el favor de ser felices! Merece la pena intentarlo.