José María Martín Sánchez – El Infante, el cigarro y su ayudante

Propongo a quien esto leyere trasladarse al año 1906. Probablemente les resultará difícil por falta de plazas de avión, pues de aquellos tiempos les cuento cosas y casos. Lo único que de interés tienen es que algunos no las conocían. Verbigracia (por ejemplo):

Mes de junio del referido año. Dado que en La Granja el señor D. Alfonso XIII había organizado un almuerzo de carácter oficial, pues de vacaciones de verano estaba, su cuñado, el infante Carlos de Borbón dos Sicilias, protagonista de este relato, pidió coche en el palacio “general” de Madrid, y acompañado de su ayudante, el Marqués de Mesa de Asta (¿) -Lorenzo Piñeyro y Fernández de Villavicencio, VIII en la línea de sucesión-, enfiló el morro del vehículo hacia el Real Sitio.

Conducía/guiaba el auto el infante (se habrán dado cuenta de que lo escribo con minúscula. Es que no nos conocíamos), y según se cuenta la “cosa” la velocidad era moderada. Más, hete aquí, que cuando circulan entre Las Rozas y Las Matas al que conducía le llega la hora de fumar. Para poder ejercer su derecho pide al ayudante que ayude. Al volante el marqués; de copiloto el fumador.
Pasó que… Del cigarrillo, ya encendido y humeante, salta una chispa que ¡oh casualidad! va a incrustarse (o como se diga), en uno de los ojos del conductor.

¿Y qué hace cualquiera de ustedes si recibe una “visita” así en un ojo? ¡Pues cerrarlos! Causa/efecto: vehículo sin control hacía la izquierda que encuentra cuneta y vuelca.

Los dos ocupantes quedan bajo el coche. Salen poquito a poquito/ despa, despacito… El ayudante lleva la peor parte; el infante, que da la impresión de haber perdido el norte, se palpa y no encuentra nada “anormal”. Su ayudante tiene un fuerte golpe en el hombro. Los cristales, también, le han dejado el rostro como “clavao” de espinas.

¿Qué hacer? “Caminamos hasta el primer pueblo, llamamos a palacio por teléfono y que nos envíen otro vehículo”. Se dijeron el uno al otro.

En estas dudas existenciales estaban cuando ¡milagro, milagro! vehículos poquísimos, pasa por el lugar el fotógrafo Francisco Rodríguez Avíal (1) recogiendo a ambos. Los traslada a Las Rozas, donde, por causas que desconoce este escribano, no pudo ser atendido el lesionado. Decisión del fumador: “llévenos a Palacio y desde allí llamaré vía teléfono a La Granja”.

Fue así como se enteró Alfonso XIII, en pleno almuerzo regio, teniendo como invitados al gobernador, presidente Diputación, alcalde y obispo de Segovia, entre otros personajes, del accidente de su cuñado. Los dos asientos reservados para ellos, a la izquierda del Monarca, vacios quedaron.

P.D. Al día siguiente el “ayudado” fue a ver a su ayudante al hospital, donde, entre dolores, se iba a reponer de la luxación en un hombro. Después de la visita, a bordo de “carro descubierto”, paseó por calles de Madrid (2).

Nótese la diferencia.

Y colorín colorao…

De la “rama” teatral

Esta “noti” es de un poco más lejos. Junio de 1782. El empresario Juan Manuel Vélez, se dirige por escrito al Concejo:

-“Señorías -que no se yo-: sepan que soy empresario teatral y habiendo estudiado a fondo con mis asesores la problemática que esta Ciudad tiene por la falta de lugares para hacer teatro, vengo a solicitar:

-Poder habilitar a mi cargo económico para tal fin el sitio de la Casa de la Moneda Vieja (Plaza de Avendaño) de la que es propietario D. Martín de Avendaño (3), con cuya familia ya negocié, por lo que pido permiso para realizar la obra, teniendo como referencia y acatamiento para ello las últimas órdenes emanadas (o así), del Real y Supremo Consejo de Castilla.

Otro si: para explicar/resolver la única “pega” que podrían buscar para dar un no a mi petición. Probablemente sería la conducción de agua al teatro, en el supuesto que fuera necesario. Más y como el puente (Acueducto), está muy cerca, les propongo la solución:

-Hacer un canal portátil por donde con sobrada abundancia y rapidez, fluirá el agua”.

Tío listo. To controlao.

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(1) Fue el primer fotógrafo en realizar un reportaje fotográfico en color de Segovia. Año 1910.

(2) Leído en las páginas de un influyente periódico monárquico de la época.

(3) Martín de Avendaño y de la Lama. Hijo de su padre, Diego, Corregidor de Segovia, y de su madre, Antonia de Peralta.