José María Martín Sánchez -A buen lector… con pocas palabras basta

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Hay ocasiones en las que husmeando (“indagar algo con arte y disimulo”), para encontrar cosas que contar, paso de puntillas (‘procurando no hacer ruido o no llamar la atención”) y me digo “ya volveré”. Pues eso. Que he vuelto a releer y encontré estas notas atrasadas de fecha. Algunas de hace varios siglos. Notas breves ¿interesantes? Ya me dirá.

Les cuento, porque me cuentan, que el Servicio de Incendios en Segovia lo creó el Concejo a principios del siglo XVII (¿1614?). Estaba a cargo del gremio de carpinteros, quizás el más amplio en número de componentes de los ‘grupos profesionales’ que había en la ciudad. Cuatro profesionales componían la dotación.

Para ellos, para quienes pasan sin mirar, sepan que en el lugar donde comenzaba a llegar el agua al Acueducto (final de la C/ Almira), se ubicaron piedras graníticas –formando un muro-, que muestran, grabado sobre ellas, el Acueducto. Tiene, también, rasgos con el escudo de Segovia (1).

La historia completa de esas columnas de piedra la he recogido de lo escrito por Somorrostro (2): “Entre lo encontrado en las ruinas de lo que fue ermita de San Matías en el siglo XVIII, que estuvo en el Camino Real (popularmente Santa Lucía), que sube cerca del Convento de Santa Cruz hacía la puerta de San Juan, hay dos capiteles de grandes columnas de piedra berroqueña, en los que están de pequeño relieve los arcos y pilares del Acueducto, y sobre ellos unos robustos brazos de hombre”.

“Estos restos –describe el que fuera canónigo de la Catedral-, los han recogido y colocado en el pórtico de las Casas Consistoriales, en decisión del corregidor de la ciudad José de Vargas”. Pudo ser a principios del siglo XIX. Allí estuvieron hasta su traslado al descrito lugar, por donde el agua discurrió hasta la restauración de 1970-1973.

La referida ermita estuvo en ruina desde 1535. Es de interés dejar constancia de uno de los postigos de la muralla, el conocido como ‘Picado’. Éste recibía un segundo nombre: San Matías. Hoy se llega a la plaza (y jardines) de Colmenares, a través de una zigzagueante escalera, lugar por el que accedían a la ciudad los monjes de Santa Cruz.

A otra cosa. María Álvarez de Solier, mujer que fue de Rodrigo del Río, que fue corregidor de la ciudad de Segovia, una vez que éste hubiera fallecido, hizo testamento “por propia voluntad”. Entre otras muchas cuestiones testadas dejó los bienes que tenía en Casillas, lugar sito en los arrabales cercanos a Hontoria, a favor del dean y cabildo de la Catedral. De tal forma que aquellos que fueran arrendatarios del lugar habían de entregar de forma perpetua “cincuenta fanegas de pan mitad trigo y cebada y seis pares de gallinas, buenas vivas y gordas cada año”.

El trigo y la cebada deberían entregarse en la festividad de San Bartolomé (24 de agosto) y las gallinas el día de Navidad. El pago se realizó religiosamente, como no podría entenderse de otra forma, a través de casi cuatro siglos. Solo Antonio de Zúñiga, de la familia extensa de la testadora, en litigio con el Cabildo consiguió rebajar la entrega de 50 a 30 fanegas y solo ocho gallinas. Y así se mantuvo por los diferentes herederos de los referidos bienes hasta el siglo XIX (¿) (3).

Familiar de María Álvarez fue también Rodrigo del Río, canónigo de la Catedral.

Otra. En las ordenanzas de la ciudad de Segovia, dadas en el año 1555, hay una orden dirigida a carpinteros y entalladores para que no salgan a los caminos a comprar madera. La pena para los infractores era la pérdida de la madera y una multa de seiscientos maravedís. Había que consumir la de Valsaín. Más cara, pero la mejor, sin duda.

Fin de de los ‘mensajes’.

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(1) «El Escudo de la Ciudad lo es de forma española, perfilado de oro, con forma rectangular, cuadrilongo y redondeado en su parte inferior, de azur con un acueducto de plata de dos órdenes, mazonado de sable y sumado de una cabeza humana al natural, puesto sobre peñas de los mismos. Timbrado de la Corona Real española, sin otro ornamento exterior.» BOE de la Provincia de Segovia nº 45/2011.

(2) “El Acueducto y otras antigüedades de Segovia”, Andrés Gómez de Somorrostro, 1820, pg. 21.

(3) “Piedras de Segovia”, Juan Vera. Año 1951.