El tiempo de la creación – Jubileo de la tierra (2)

Estamos celebrando este mes de septiembre, también en Segovia con muchas actividades, el Tiempo de la Creación. El tema elegido para el 2020 es ‘Jubileo de la tierra’. Con este motivo el Papa Francisco escribió un mensaje. Describe lo que en la Biblia es el Jubileo y lo actualiza al tiempo presente:

“Tiempo para recordar la memoria de nuestra existencia interrelacional”. Tempo para regresar como un “tiempo para volver a escuchar la tierra. Hoy la voz de la creación nos urge, alarmada, a regresar al lugar correcto en el orden natural, a recordar que somos parte, no dueños, de la red interconectada de la vida”.

Desarrollados estos dos aspectos en mi artículo anterior, hoy hago referencia a los otros tres que señala el Papa: tiempo para descansar, reparar y alegrarse.

Un tiempo para descansar: “Durante el Jubileo, el Pueblo de Dios fue invitado a descansar de su trabajo habitual, para permitir que la tierra se regenerara y el mundo se reorganizara, gracias al declive del consumo habitual. Hoy necesitamos encontrar estilos de vida equitativos y sostenibles, que restituyan a la Tierra el descanso que se merece, medios de subsistencia suficientes para todos, sin destruir los ecosistemas que nos mantienen”.

Esta pandemia nos lleva de alguna manera a redescubrir estilos de vida más sencillos y sostenibles, brindándonos la oportunidad de desarrollar nuevas formas de vida. “Se pudo comprobar cómo la Tierra es capaz de recuperarse si la dejamos descansar: el aire se ha vuelto más limpio, las aguas más transparentes, las especies animales han regresado a muchos lugares de donde habían desaparecido”. Estamos en una encrucijada que nos debe llevar a aprovechar este momento decisivo para “acabar con actividades y propósitos superfluos y destructivos, y para cultivar valores, vínculos y proyectos generativos. Debemos examinar nuestros hábitos en el uso de energía, en el consumo, el transporte y la alimentación”.

Un tiempo para reparar: “El Jubileo es un momento para reparar la armonía original de la creación y sanar las relaciones humanas perjudicadas”. Alude el Papa a “la historia de explotación del sur del Planeta que ha provocado una enorme deuda ecológica, principalmente por el saqueo de recursos y el uso excesivo del espacio medioambiental común para la eliminación de residuos”. Es el momento de la justicia restaurativa cancelando la deuda de los países más frágiles ante los graves impactos de la crisis sanitaria, social y económica que afrontan tras el Covid-19.

Es igualmente necesario reparar la tierra. Restaurar el equilibrio climático es sumamente importante, puesto que estamos en medio de una emergencia. Se nos acaba el tiempo, como nos lo recuerdan nuestros niños y jóvenes. Se debe hacer todo lo posible para limitar el crecimiento de la temperatura media global por debajo del umbral de 1,5 grados centígrados, tal como se ratificó en el Acuerdo de París sobre el Clima: “Ir más allá resultará catastrófico, especialmente para las comunidades más pobres del mundo”.

Nos invita a restaurar la biodiversidad “en el contexto de una desaparición de especies y una degradación de los ecosistemas sin precedentes” y hace una defensa de las comunidades indígenas que “deben ser protegidas de las empresas, en particular de las multinacionales, que, mediante la extracción deletérea de combustibles fósiles, minerales, madera y productos agroindustriales, «hacen en los países menos desarrollados lo que no pueden hacer en los países que les aportan capital» (LS, 51)”.

“Un tiempo para alegrarse: En la tradición bíblica, el Jubileo representa un evento gozoso, inaugurado por un sonido de trompeta que resuena en toda la tierra. Sabemos que el grito de la Tierra y de los pobres se ha vuelto aún más fuerte en los últimos años”, lo que es un motivo de alegría como lo es el hecho de que “el Espíritu Santo esté inspirando a personas y comunidades de todo el mundo a unirse para reconstruir nuestra casa común y defender a los más vulnerables, con iniciativas, a nivel local y mundial, para el cuidado de la casa común y los pobres”.

“Alegrémonos porque, en su amor, el Creador apoya nuestros humildes esfuerzos por la Tierra”, que también es la casa donde Dios, en Jesús, se entroncó en nuestra naturaleza humana para humanizarnos y salvarnos.