José Luis Cuenca Aladro – Los veranos de la Villa de Riaza

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Los veranos de la Villa de Riaza son, desde hace años, verdaderamente increíbles. Mágicos. A “la oferta” paisajística, climatológica y gastronómica del “pueblo más sano” del nordeste segoviano, cabe sumar la de eventos culturales muy variados y de notable calidad que se suceden uno tras otro durante los meses de julio, agosto y septiembre. Faltan días, fechas en el calendario, para dar cabida a tanta actividad lúdica y así poder acoger iniciativas de tan amplia gama artística. Como canta Eva Amaral con su preciosa voz de timbre rotundo… “No quedan días de verano”.

Música, pintura, escultura, cine, teatro, fotografía, toros… La verdad es que los veranos de la Villa de Riaza son lo más de lo más. Algo que es muy de agradecer a la “autoridad municipal competente” y a la totalidad de instituciones riazanas sin ánimo de lucro que se desviven por ofrecernos a todos los riazanos lo mejor del panorama actual de nuestras Bellas Artes. No exagero nada con esta afirmación que algún lector podría considerar partidista, no. Créanme lo que les digo.

Pilares básicos y cimientos tan consolidados como el “CERTAMEN INTERNACIONAL DE PINTURA RÁPIDA VILLA DE RIAZA” (que acaba de alcanzar su LXIV edición), el “HUERCASA-RIAZA COUNTRY FESTIVAL” (el mejor de todos cuantos se celebran en Europa) y nuestra Semana Grande de Fiestas, son las señas de identidad de nuestro “edificio” cultural. Tres acontecimientos de referencia de nuestra “tierra de sentimiento y sabor distinguido”. Tres productos con D.O. Riaza. Pero hemos tenido y tendremos muchas cosas más durante el periodo estival que concluirá el domingo día 22 como escribía al principio de mi artículo…, exposiciones de pintura, concursos de fotografía; bailes, ballet y danzas regionales en nuestra incomparable Plaza Mayor; conciertos de música clásica “a la luz de la luna” en La Pinilla; muestras gastronómicas, catas de vino, presentaciones de libros. No nos falta de ná, que diría un castizo del madrileño barrio de Cuatro Caminos.

Me gustaría destacar, por tratarse de un paisano amigo de todos, la exposición de esculturas que tuvo lugar en el edificio consistorial a mediados de julio pasado a cargo del artista y creador Antonio Sanz que, una vez jubilado, parece haber retomado con pasión su vieja afición por las herramientas con las que moldear artesanalmente figuras y objetos de libre inspiración imaginativa. Las 23 piezas expuestas por nuestro autodidacta escultor, toda la obra en su conjunto, transmitían la, sin duda, exigente pulcritud creativa con la que Antonio debió emplearse en su labor para lograr las formas definitivas de sus armoniosas y relajantes composiciones. Y creo, sinceramente, que Antonio Sanz Vélez consiguió con creces su objetivo: las visitas fueron muy numerosas y la obra toda muy bien entendida y, por tanto, alabada. Esculpir formas sobre la piedra o tallar sobre la madera requiere de sólidos conocimientos técnicos, además de imaginación, habilidad, paciencia y gusto estético. Cosas que nos son pocos comunes a la mayoría de los mortales, y más aún si no hemos pasado por una facultad de Bellas Artes o Arquitectura. De ahí que el mérito de Antonio sea todavía mayor.

Emiliano Barral, el afamado escultor profesional sepulvedano de los primeros años del siglo pasado (como Antonio, escasamente academicista) fue un enamorado de la piedra rosa de las canteras de la Villa de Las 7 Puertas, su pueblo, como materia prima para emplear en sus trabajos. También de los mármoles y los bronces. Materiales que EB empleó, por cierto, en el monumento dedicado en Riaza al eminente e ilustre otorrinolaringólogo don Antonio García Tapia en el año 1935 con motivo de la inauguración del Hospital Sanitario-Escuela de Médicos Rurales. Antonio parece que, al igual que Barral hace cien años, siente predilección por la misma piedra rosada de Sepúlveda, no en balde cuatro de las piezas de su exposición, las que se correspondían con los símbolos de “los cuatro elementos de la vida” (fuego, tierra, aire y agua) estaban esculpidas partiendo de dicho material. No queda, pues, más que felicitar Antonio por todo el conjunto de su obra presentada, y animarle a que el próximo verano nos sorprenda con una nueva entrega expositiva.

Quiero hacer referencia, en el apartado musical, a uno de los conciertos más sencillos, naturales y auténticos de cuantos he presenciado en los últimos meses. La banda “Entre Tr3s” me sorprendió, igual que a todos los riazanos que abarrotaron los jardínes aledaños al Centro Cultural Ntra. Sra. del Manto, muy gratamente. Y no podía ser de otra manera si tenemos en cuenta la excelencia interpretativa de su cantante solista: JOAQUÍN DICENTA, perteneciente a una de las sagas familiares que lo han sido todo en el mundo literario, teatral y cinematográfico. ¿Quién no recuerda la voz clara, sonora y profunda de Manuel Dicenta, abuelo de nuestro entrañable “Quino”, a través de las ondas radiofónicas o las 625 líneas de la pantalla de nuestros televisores?

Pues bien, Joaquín, el gaditano-riazano, no pudo esquivar, a Dios gracias, la vena artística de su árbol genealógico y un buen día le vimos en el programa “Lluvia de estrellas”de Antena 3 que producía Gestmusic y presentaba Bertín Osborne. A punto estuvo de proclamarse ganador del concurso tras comparecer cuatro semanas consecutivas cantando temas de Serrat. Se hizo muy popular entonces, pero el bueno de Joaquín siempre ha sido persona seria y muy discreta. Así es. El epítome de la normalidad. Un “common people” de manual convertido en un héroe ocasional. Nunca pretendió dedicarse al mundo del espectáculo profesionalmente, aunque sí ha dado algunos conciertos para amigos y también con público cuando así se lo han solicitado.

La noche del 3 de agosto pasado, Joaquín, acompañado a la guitarra por el maestro segoviano “Gesús” Aragoneses y el pianista madrileño César Guijarro (alumno que fuera del gran folklorista castellano Agapito Marazuela), nos ofrecieron “caviar del bueno” en forma de canciones que han formado parte, seguro, de la banda sonora de la vida de todos cuantos tuvimos la suerte de estar presentes en el concierto. La voz grave y modulada, de “barítono”, de Joaquín, fue desgranando con perfecta dicción musical una veintena de temas cantados con alma y desde el corazón que los nostálgicos de otros tiempos agradecimos sin un ápice de melancolía.

Los “Cantares” que Serrat dedicó a Machado y la versión de “Sevilla”, ésa joya de canción que el genial Arturo Pareja Obregón regaló a su ciudad (“meee da igual cantar en Sierpes que en la Plaza Nueva”), y los “pelos de punta” en todo el auditorio ; “Los fantasmas del Roxi” un guiño de Serrat a Madrid; “No soy de aquí, ni soy de allá” del monstruo Facundo Cabral; “Lía”, la preciosa canción que José María Cano (el artista total) compuso para Ana Belén…. ¡Grande “Quino”! El éxtasis llegó con la interpretación de “Mediterráneo”, la que es, posiblemente, la mejor canción española de todos los tiempos. Joaquín Dicenta la cantó y entonó como los propios ángeles y la bóveda estrellada del cielo azul de Riaza parecía desplazarse al son de las notas musicales que emanaban del corazón de Joaquín y que modulaban sus cuerdas vocales. Fue la apoteosis final de un recital extraordinario en noche que los riazanos ya guardamos para siempre en la “bolsa” de nuestros mejores recuerdos y afectos.

Y voy acabando, amigos… Sí, si quedan días de verano (rectificando a Amaral). Tras la festividad de la Patrona de Riaza, Nuestra Señora del Manto, celebrada el pasado domingo día 8 con todos los honores, llegan ahora (del 14 al 22) nuestras FIESTAS, con sus festejos taurinos y sus encierros tradicionales. Riaza y los riazanos les invitamos a compartirlas con nosotros. Les esperamos a todos.