Jesús Fuentetaja – Hubo más de un equipo en los orígenes del fútbol sala segoviano

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Corren malos tiempos para la lírica del fútbol sala en Segovia. Del glamur de los momentos de abundancia, se ha pasado a la épica de la supervivencia, casi en tránsito hacia una dolorosa agonía. No es más que otra de las fatales consecuencias para la sociedad segoviana que nos trajo la desaparición de nuestra añorada Caja de Ahorros, que cual pastora excesivamente bondadosa y en época de vacas gordas, había seleccionado una de ellas, la más rolliza, para terminar de cebarla. Lo malo fue que al desaparecer el abundante forraje con el que se nutría, se produjo el cambio de época y sin él vino a transformarse en vaquilla, con el famélico aspecto que ahora presenta. No quedó del todo claro, si los piensos procedían del granero apartado para la publicidad de la entidad, o del reservado a nutrir los fondos de su Obra Social, destinado, a priori, a satisfacer otras necesidades distintas del mantenimiento de un equipo deportivo, altamente profesionalizado. Si a nadie le interesó saberlo en su día y si nadie, que yo sepa, se preocupó jamás de preguntarlo, no voy a ser yo ahora quien lo haga, bastantes situaciones traumáticas se han vivido en estos últimos años con los despojos de Caja Segovia, para abrir un melón que tiene toda la pinta de estar sobradamente pasado ya de madurez.

Esta situación, me refiero a las dudas existenciales presentes y me temo que futuras sobre la pervivencia del fútbol sala de élite en Segovia, nos han dolido en el alma a todos aquellos que vimos nacer esta criatura, hace la friolera de cuarenta años. Criatura a la que recibimos con todo cariño y entusiasmo y algunos, dentro de nuestras posibilidades y capacidades, nos comprometimos a cuidarla para que creciera sana y saludable hasta llegar a convertir a Segovia en una referencia del fútbol sala nacional y también internacional y, todo ello, gracias a la proyección y al impulso que alcanzó el equipo de Caja Segovia-La Escuela o viceversa, pero aupado inicialmente, que no se olvide, sobre los hombros de los demás equipos segovianos que formaban la base desde la que emergieron, como la punta visible de un iceberg.

Me refiero a todos los equipos que compitieron en la temporada 1982/1983, en la primera Liga Provincial Pro Federación Española de Fútbol Sala, que así es como se denominaba y de la que salieron proyectadas dos escuadras para representar a Segovia en la Primera Liga Nacional iniciada a la temporada siguiente. Estas fueron La Escuela (tiempo después La Escuela-Caja Segovia) y El CDA Vogue (antes Cromados Segovia). Ambas participaron o participamos, que algo tuve que ver con la última de las citadas, con muy diferente fortuna: La Escuela se consolidó en la categoría, iniciando una trayectoria que la llevaría más adelante a alcanzar los máximos objetivos deportivos; mientras que el Vogue no pudo ni supo mantenerse y regresó al año siguiente a competir en la división provincial, para disgusto de todos, pero especialmente de Félix y de Paco, que regían el establecimiento hostelero del mismo nombre y que patrocinaban el equipo. Nunca les agradeceremos bastante su colaboración, ni lamentaremos suficientemente que no se cumplieran las expectativas que con tanto entusiasmo nos hicimos. Alguna culpabilidad en aquel fracaso debo atribuirme, como responsable técnico del equipo que era.

La historia se había iniciado unos años atrás, en concreto entre 1979 y 1980, en que brotó con fuerza en Segovia el virus inoculado desde Madrid, precisamente por los componentes de La Escuela, equipo creado para participar en aquellas sesiones maratonianas del Palacio de los Deportes madrileño, que organizaba el CD Arquitectura y a las que dio proyección nacional el periodista José María García, desde las ondas, pero también desde el propio terreno de juego, al formar en torno a él, un equipo con reconocidos futbolistas ya retirados, entre los que destacaban los nombres de Amancio Amaro y Adelardo Rodríguez. Esta eclosión hizo que brotaran en nuestra provincia numerosos equipos para participar en los diversos torneos que empezaron a organizarse, casi siempre con algún fin benéfico y cuyos partidos se solían disputar en el viejo pabellón “Enrique Serichol”. Gran aceptación tuvieron los celebrados en la modalidad de 24 horas. Admitiendo que posiblemente no cite todos, uno recuerda gratamente los organizados a beneficio de ANDE, en 1980 y los dos de UNIFEC, en los siguientes años de 1981 y de 1982.

Digo que me trae buenos recuerdos, porque con la anterior denominación de Cromados Segovia resultamos vencedores de los tres torneos de 24 horas antes mencionados. De la final del último de ellos, en la que logramos imponernos al equipo de La Escuela por tres goles a dos, opinaba el cronista de este periódico, en información publicada el día 26 de abril de 1982, que: “quizás haya sido el mejor encuentro de fútbol sala que hemos presenciado en Segovia”, y que el equipo vencedor: “es, con mucho, el conjunto más regular en sus actuaciones de cuantos juegan en Segovia”. Mientras que el núcleo principal del equipo de la Escuela estaba formado por exjugadores de la Gimnástica Segoviana, el del Cromados-Vogue, lo integraban en exclusiva antiguos componentes del C.D. Acueducto. Esta circunstancia acentuó la rivalidad deportiva (aunque siempre sana) entre las dos formaciones que se proyectó en la cancha en todas las confrontaciones que tuvimos y que, con alguna excepción como la anteriormente reseñada, solían acabar con la victoria de los primeros.

En aquellos torneos se puso el germen para que se celebrara la primera liga provincial de futbol sala, que dio inicio en el mes de octubre de 1982, con la participación de los siguientes 16 equipos, que aquí cito por riguroso orden alfabético y como tardío homenaje a todos sus integrantes, verdaderos pioneros de este deporte en Segovia. Estos fueron: ADA Brujas, Anisa, Caja de Nava, Cromados Segovia, Don Camilo, El Molino, Hogar Tapicerías, La Escuela, La Hoja Blanca, La Tertulia, Lobos, Maderas Maybe, Masport, Minerva, Salem y Séptima Avenida. A todos ellos mi eterna gratitud.