Javier Jiménez Arribas – Una hora de gritos

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Concentraciones de un minuto de silencio en plazas de pueblos y ciudades de España. Pancartas de angustia y repulsa con letras de sangre. Declaraciones del presidente del Gobierno, de ministros, de diputados, de senadores, de representantes de partidos políticos, de sindicatos, de asociaciones, de universidades, de institutos, de colegios; y cómo no, de mujeres. Y todo ello me parece muy bien; pero ¿estamos consiguiendo que los bestias, alimañas, sanguinarios, desnaturalizados, acosadores, violadores y asesinos dejen de poner en práctica sus crueles instintos? No amigos míos.

Los años pasan y continuamos callados, tragando saliva durante ese minuto mientras se nos rompe el corazón por cada mujer que pasa a la historia de las mujeres asesinadas. Al tiempo, las estadísticas sobre víctimas, que nos repiten incesantemente los medios de comunicación, intentan sensibilizarnos para hacernos partícipes de la cruda realidad; pero ¿con ello se consigue domesticar a los matadores? No amigos míos.

Ante otro asesinato, salen raudos a la palestra oportunistas representantes de partidos políticos, tratando de llevar a su terreno lo procedente o improcedente de medidas para paliar esta lacra de violencia y muerte de mujeres; pero ¿logran ponerse de acuerdo en aras al bien común y a la generalidad de las gentes? No amigos míos.

La ética y el poder político deben estar estrictamente unidos. El debate sobre la prisión permanente revisable sobra después de tantas muertes. Los monstruos que las provocan no son merecedores de ningún tipo de beneficio; porque, muchos han demostrado ya que son incapaces de retornar a un mundo de justicia y paz, y el término reinserción lo desconocen. Este pensamiento atañe única y exclusivamente a los delitos cuyos supuestos, ocho, están contemplados en el actual Código penal. Soy abolicionista, pero también sé con quién deseo vivir en sociedad y con quién no. Por ello, que los criminales y sádicos verdugos de mujeres agoten su vida entre cuatro paredes blancas, pensando que sus manos no pueden estar inmaculadas por están manchadas de sangre inocente.

¿Y qué solución existe para este sin vivir? Evidentemente y por desgracia este comentarista carece de ella. Doctores tiene el poder ejecutivo para programar actuaciones de vigilancia que garanticen la integridad de las mujeres, poniendo más medios de fuerzas y cuerpos policiales. Doctores posee el poder legislativo para promulgar disposiciones que eviten la libertad de los transgresores, revisando o modificando el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Doctores hay en el poder judicial para juzgar y ejecutar con razonamientos sólidos las penas a esos despiadados asesinos para que no coarten la libertad de las ciudadanas. Mientras siga ocurriendo este mal ya no sirve un minuto de silencio. Es necesario que nos quedemos sin voz gritando una hora de queja.