J. M. M. Sánchez – De cuando los cerdos (los otros), invadían la ciudad

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¿Qué hacen en beneficio de los españoles el actual gobierno sonámbulo (1) y la oposición sedente (2) de España? Si quieren contestación busquen y encuentren en el cuento de “La Ratita Presumida”, donde se explica a los niños lo negativo de la soberbia.

Puede que el introito no enlace, que tampoco tendría por qué, con las líneas siguientes. Mas, he pensado que si continúo por ese camino no lo va a leer ni mi amigo Manolo –que, por cierto, me tiene “enfilao”- (3), y ante esa más que segura posibilidad, tomo la primera curva y me salgo de carretera que se encuentra en tan lamentable estado.

A lo que te voy. En la “recogida” de las pequeñas historias que aquí se publican para esta ocasión dejo las siguientes:

Sepan que, en la Ordenanza del Concejo de Segovia del año 1485, mismo año en la que nace en Alcalá de Henares Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y futura esposa de Enrique VIII de Inglaterra, se imponían multas de diferentes cuantías económicas en función de lo que se arrojara a las calles. Por las que más se pagaba era cuando por el hueco de la ventana salían disparadas, “allá que te va”, orines, gallinas muertas, huevos podridos… y demás “familias”.

Un añadido. Hasta el año 1625 no llegaron los primeros barrenderos a la ciudad. Unían a su trabajo de recogida un carrito manual. Tarea, téngalo por seguro, no les faltó.

Y ya que estamos describiendo un tema “sucio”, situándonos también por los alrededores del XV, digo que en la ciudad había tantos cerdos… ( los otros), que desde el barrio de las canonjías se llegaban hasta la catedral antigua (plaza del Alcázar), entrando en el recinto y molestando ¡de qué forma! a las personas que al lugar acudían.

Para evitar esta anómala situación, el Concejo autorizó, (corría el año 1496), a los criados de la zona a:

“Apalear o matar, si procedía ¡y procedía! a los cerdos, sin importar para nada quien fuera su dueño”.

Tal era la abundancia de guarros que quedó prohibida la tenencia de marranos en el referido barrio:

“Con el fin de controlar la higiene en el lugar”.

También cuento que cuando la reina Juana firmó las ordenanzas para preservar el Acueducto, año 1505, había el siguiente texto:

“Los puercos que hozaren o bebieren o estuvieran echados en la madre del agua y dañen la cacera, han de ser controlados. Sus dueños pueden perder la propiedad de sus casas ¡ojo al dato! e incluso ser desterrados si reinciden”-.

En ese mismo recorrido de lucha por preservar las aguas del canal del Acueducto, la referida Ordenanza no permitía:

-Lavar paños, cacharros, regar huertas…

Para estas últimas acciones se imponían sanciones no menores. Ejemplo:

-“Expropiación, incluso, de los campos que hubieran sido regados clandestinamente”. (4)

Para acabar tema. En 1566 desde el Concejo se dice:

“Se prohíbe que los cerdos se “paseen” por la Alameda porque echan a perder el lugar”.

Con la finalidad, única, de que lo descrito pudiera ser considerado como “una guarrada” por determinados servicios de alcantarillado, cambio de terció.

Prosigo con el tema. Puede que sepan que el agua que llegaba desde el Rio Frío (14,965 metros de distancia), a la capital a través de La Puente Seca (Acueducto), tenía un recorrido por la ciudad. Algo así: comenzando en la Plaza de Las Arquetas (Reina Dñª Juana), Plaza Guevara, Judería Vieja, Plaza Mayor, Catedral para descender hasta El Alcázar a través de las Canonjías. Descrito haya sido a grandes rasgos.

El recorrido total, desde que el agua dejaba el canal del Acueducto, era (es) de 1.220 metros. Su caudal máximo, 25/30 litros por segundo.

Por si más quisieran saber sobre tan maravilloso acueducto, sepan que su longitud por la ciudad, desde el comienzo en la C/ Cañuelos hasta el final en Obispo Gandásegui, es de 813 metros.

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(1) Persona que actúa de manera automática por no haber dormido, o por otra razón, durante la noche, o más tiempo.

(2) Que está sentado (RAE)

(3) Tomar fila o inquina a alguien (RAE).

(4) Si más quiere saber el lector sobre estas “cosas de casa”, bucee en la “Historia del Urbanismo en la ciudad de Segovia…”, de J.A. Ruiz Hernando (1982). Un texto extraordinario que todo segoviano debería conocer y leer para saber.