J. Fuentetaja – La proclamación de Isabel como reina en Segovia (I de III)

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Iniciamos hoy nuestra colaboración dominical con el primero de los tres artículos sobre la relación de la ciudad de Segovia con Enrique IV y con su hermana Isabel, luego conocida como la Reina Católica.

Confieso que una sensación extraña se ha apoderado siempre de mí ánimo, cuando en alguna celebración popular en la que he tomado parte, me he visto impelido a unirme al coro que a mi alrededor cantaban el himno a Segovia. No niego sentir la emoción que me produce unir mi voz con la de mis paisanos para elevar sus notas al aire del azul celeste que nos envuelve, siempre, claro está, que el día no esté nublado o que el acto no sea en horario nocturno. A ese azul que inunda la bandera de la ciudad y que no es más que la porción de cielo que se trasluce por detrás de los arcos del acueducto. María Zambrano considera a Segovia como la tierra del azul: “De los azules de las lejanías azules de la sierra, de lo inmediato, de lo que es azul sin tener que serlo. Eso lo he visto y lo he gozado en Segovia”.

Pero cuando se ataca la segunda estrofa del himno, debo reconocer que algo me impide seguir al coro de los grillos que no cantan a la luna. Mi garganta se agarrota y mis labios se inmovilizan, sin tan siquiera aparentar el más leve intento de abrirlos. Sello mi boca y espero a unirme a los demás al inicio de la tercera, aquella que nos recuerda a los Comuneros cuando abatido fue su pendón. ¿Qué motiva el paréntesis que se abre en mis sentimientos y que me impide seguir esta parte del himno? Son los versos: “Guardó el Alcázar como un joyel / a la princesa dulce y sencilla…Y fue una tarde / cuando Segovia gritó: Castilla / por la princesa/ por la princesa/ doña Isabel”.

Son estas palabras cantadas las que una y otra vez me he negado a pronunciar, porque entiendo que Segovia no proclamó reina a Isabel, sino que fue Isabel, quien se proclamó reina en Segovia. Es cierto que la historia sobre la coronación de la futura reina católica que se refleja en el himno, coincide con la opinión mayoritaria de los antiguos cronistas. Sin embargo, estos hechos fueron puestos en entredicho por un importante documento que encontró Mariano Grau en los archivos municipales de Segovia y que fue dado a conocer en el año 1949, en el primer número de Estudios Segovianos, bajo el epígrafe: “Así fue coronada Isabel la Católica”. Se trata del acta notarial del propio suceso, levantada en dos diligencias, la primera suscrita por el escribano del Concejo de Segovia, Pedro García de la Torre y la segunda autorizada por el mismo fedatario y por Fernán Nuño Arnalte, escribano de cámara de Doña Isabel.

De acuerdo con lo que se acredita en dicha acta, el martes 13 de diciembre de 1474, comparecen ante el Concejo, Alfonso de Quintanilla y Juan Díez de Alcocer, enviados por Isabel con un doble objetivo: primero, informar a sus componentes de la muerte del rey Enrique, acontecida en la noche del domingo día 11; y segundo y más importante, que la ciudad de Segovia la reciba como heredera de los reinos de Castilla y León. Este documento desmiente la narración recogida por otras fuentes, entre ellas las del propio Colmenares, en las que se afirmaba que fue el Concejo de Segovia quien, el día 12 de diciembre, envía a cuatro regidores a informar a Isabel que había sido adoptado el acuerdo de elevarla a reina. No pudo ser el lunes 12, puesto que no había tiempo material para ello -aún no había entrado en funcionamiento el AVE entre Madrid y Segovia y atravesar la Fuenfría en diciembre no resultaba tarea fácil en aquellos tiempos-. Ni tampoco fue a iniciativa del Concejo segoviano, puesto que el acuerdo se adopta, y así figura reflejado en el acta, a requerimiento de la propia princesa, a quien urgía que se llevara a cabo su proclamación para poder tomar la iniciativa a los partidarios de Juana, hija del rey fallecido y motejada interesadamente como la Beltraneja.

Mientras no se pruebe lo contrario, estos son los hechos a los que me adhiero y que unidos a los resquemores que siempre me ha provocado el recuerdo de las actuaciones llevadas a cabo por la reina, contrarias a los intereses de Segovia, especialmente la desmembración del Sexmo de Valdemoro y parte del de Casarrubios a favor de los Marqueses de Moya, son las dos causas que me obligan a guardar silencio durante la interpretación de esta parte del himno, que en descargo del autor de la letra, el periodista y escritor segoviano Luis Martín García Marcos, debo decir que cuando se escribieron los textos en 1928, durante la dictadura de Primo de Rivera, todavía no habían salido a la luz las investigaciones de Mariano Grau.

El próximo jueves día 13, se cumplirán 544 años de aquella ¿autoproclamación?, que si finalmente resultó positiva para el país, no lo fue tanto para Segovia, como así acabó reconociendo la propia reina en el momento de dictar su testamento, disponiendo entre sus últimas voluntades, que se devolviera a Segovia lo que injustamente se la había quitado. Por cierto, esta parte de su testamento nunca llegó a ser cumplida.