Incertidumbres y silencios

En condiciones normales este comentarista habría hecho una columna analizando el deporte de nuestra tierra durante el pasado año; pero, ha sido un período tan irregular, angustioso y dramático, que no ha permitido ejercer la actividad en toda su extensión a los deportistas ni disfrutar a los aficionados; por ello, a ese 2020 ¡que le den! No lo olvidaré por ser tan cruel y asesino, pero tampoco me explayaré en recordatorios o éxitos deportivos, por muy buenos que hayan sido algunos celebrados.

En el nuevo año continuamos con las vacilaciones heredadas del anterior. El pueblo se sigue preguntando cuándo y cómo puede acudir a presenciar un evento deportivo; y el regidor no puede responder porque desconoce la respuesta correcta, porque las dudas son el denominador común respecto a la invasión y fundamento del mal que nos invade, un silencio en la vida de los ciudadanos. Los días transcurren sin conocer un futuro cierto, ni inmediato ni remoto; y los deportistas buscan un lugar para no perder su cuerpo atlético, pero no encuentran dónde, cómo y cuándo. Otra vacilación y otro silencio.

Es lo que nos toca padecer viviendo; pero al menos vivimos, que otros ya no pueden. Por ello, ya que en ese sentido somos afortunados, pensemos en asir fuertemente las oportunidades que se nos presenten. Si ahora nos dejan pisar la calle o el campo pongámonos zapatillas y gocemos de sus aires. Si nos permiten asistir con moderación a un encuentro deportivo vayamos responsablemente abriendo las manos para aplaudir al deportista. En resumen: intentemos olvidar las incertidumbres o los silencios, y esperemos tiempos mejores que llegarán. No lo duden.