Ideología y religión

Algunos amigos me dijeron tras leer el artículo sobre ideologías y cultura que al comentarlo con otros se habían liado sobre si la religión podría ser una ideología; o, por el contrario si las ideologías pretendían ocupar el lugar de las religiones en el mundo actual. No pretendo, y menos en el espacio de una columna periodística, zanjar esta cuestión de manera definitiva. Yo, de la religión que sé algo es del cristianismo. A él me limito aquí, por respeto a las demás religiones de las que apenas sé generalidades.

La primera diferencia clara entre religión e ideología es que la primera quiere prepararnos para el triunfo a larguísimo plazo: para la eternidad nada más y nada menos y la ideología aspira a resolvernos el medio plazo, nuestra vida aquí en la tierra. Dicho en positivo: el cristianismo nos ofrece recursos para salvar el alma; las ideologías pretende ayudarnos a entender qué pasa aquí… y actuar en consecuencia para eliminar los obstáculos que necesariamente presenta la práctica de la historia para que todo vaya bien según las categorías de cada una.

Esto de la vida eterna, que exista realmente un tiempo ajeno al que ahora vivimos, es lo que más cuesta aceptar ahora a la mayor parte de la gente (que no son creyentes). Y eso hace que los medios que se proponen para conseguirlo se consideren como mucho pintorescos. Me ocurre cada año cuando explico los inicios de la propaganda en la reforma luterana: mis estudiantes abren los ojos como platos cuando les digo que en el siglo XVI para la práctica totalidad de la población europea su primera preocupación era cómo salvar su alma. Por eso, que los sacramentos sirvieran o no para ello; que la biblia la pudiera o no adaptar cada uno a su manera; que con la fe fuera suficiente para irse al cielo (sin dar un palo al agua haciendo el bien); o que ya estuviera todo el pescado vendido porque hubiera predestinación… ¡todo aquello interesaba a todo el mundo!

Los medios que ofrece la religión para conseguir su fin responden a una concepción del hombre y sobre todo de Dios. Hay que hacer lo que hay que hacer porque Dios y el hombre son… y lo son de un determinado modo. La idea básica es que Dios es perfecto y el hombre es limitado y dependiente de él. La segunda es que Dios ama al mundo y al hombre y este ha de procurar imitarle en amar y en intentar ser lo mejor posible como persona.

El proyecto cristiano de hombre es a la vez muy abierto en casi todo y bastante cerrado en algunas cosas. Es abierto porque no está ligado a ninguna cultura: de hecho el cristianismo ha traducido su mensaje (y sigue en ello) a culturas muy diversas en todas las partes del mundo. Dicho de otro modo: son muchas las culturas que pueden explicar el mensaje cristiano; hay cristianos de muchas y diversas culturas que son capaces de expresar su fe, sus creencias, en la suya. Hay chinos cristianos que son chinos: tan chinos como cristianos; hay bantúes cristianos que son tan bantúes como cristianos… y así se puede seguir.

Y hay asuntos que dichos en la cultura que sea son “impepinables” para un cristiano: el credo tiene los enunciados básicos, son los artículos de fe para un creyente, no para un partidario, no para un militante, no para un convencido. No son irracionales en el sentido de que pueden explicarse; pero son inabarcables para mente humana: por eso exigen tener fe. La fe no es un título que te dan después de haber hecho un esfuerzo de comprensión enorme: es una certeza propia, psicológica, indudable para quien la recibe, un don de Dios, que quienes la tiene pueden aceptar con sentido del compromiso… o sin ganas de complicarse la vida.

Las ideologías van por otro lado. De entrada vienen por el lado de “por acá”: no de la salvación del alma sino de una óptima organización de la vida en este mundo presente. A grandes rasgos, las ideologías tienden a potenciar la importancia primordial de lo social y colectivo o de lo individual (que no es normalmente lo personal). Entienden unos la colectividad como una suma de unidades y los otros comprenden el conjunto como un todo (orgánico, nacional, racial, estructurado por clases sociales…) al que lo individual ha de someterse y en lo que cada uno ha de encontrar todo lo que necesita parta entenderse y tener una vida social plena. Absolutismos históricos, nacionalismos diversos, comunismos variados, fascismos distintos, etc. son algunas de las ideologías básicas que han proclamado la importancia del todo por encima de cada uno. Liberalismos en sus diversas modalidades y los anarquismos clásicos han puesto al individuo y a su libertad como banderas incuestionables. Ya se ve que el espectro es amplio. Y en medio de todo está la gestión del estado, que puede entenderse como democrática, autoritaria dictatorial, dictadura de partido (con funcionamiento interno democrático, burocrático o dictatorial). En fin: una multiplicidad de combinaciones teóricas que no siempre se han dado en la práctica histórica pero son planteables como ideologías.

Luego está la vida y está la historia. Encontramos sinvergüenzas entre cristianos y no cristianos; encontramos ateos que utilizan la religión para fines políticos y encontramos cristianos empeñados en que solo hay una solución política para quienes tienen fe; la mayoría de los creyentes hace en política lo que mejor le parece (o lo que juzga menos malo); hay partidos, que asumen determinadas ideologías, que hacen de la cruzada contra la iglesia uno de los puntos fuertes de su política; otros no… y mil variantes más. ¿Tiene interés esto? Sí, pero para las ideologías y la fe no.

¿Pueden los cristianos manifestar públicamente su fe e intentar atraer a otros a ella? Pues claro: lo mismo que hacen las plataformas de televisión, los partidos políticos, los clubes de fans y las peñas futbolísticas. Este intento de acercar al cristianismo a los demás es diálogo, pero diálogo entre iguales. Precisamente la comunicación es el cauce para esta actividad, que no es mas que la conversación global que los creyentes mantienen con la gente que tienen alrededor. Unas veces para afianzarnos mutuamente en nuestros puntos de vista coincidentes; otras para plantear enfoques y conclusiones diversas. La igualdad entre los interlocutores hoy la da la propia comunicación. Cuando hay amistad, el diálogo es conversación. No suele haber debates con vencedores y vencidos. Entre otras cosas porque el resultado exitoso en esto es una victoria de Dios (no de una persona sobre otra) y porque la conversión no es vencer sino convencer. Pero, en fin, esto se ha alargado mucho hoy.