Hijos de perra

Mientras el país se endeuda cada día más, y los niños nacen cada día menos, siempre encontramos entretenimiento, porque nunca falta un ministerio de guardia redactando una ley que supere en disparate a la anterior y provoque divertidos comentarios.

La ley de protección animal puede llevarte a la cárcel o debilitarte fuertemente el bolsillo, como no estemos atento a los severos castigos que propone. Y, menos mal, que las realas de perros no tienen que salir a pasear todos los días, y no nos obligan a los aficionados taurinos a tener que viajar a Francia para ver una corrida taurina, pero se hablaba de que para tener un perro habría que asistir a un curso de formación.

Por ejemplo, si eras juez y tenías un perro, podrías ir por la mañana al cursillo de “Desmachistización” para quitarte el machismo que se contagia nada más ponerte las puñetas, y, por la tarde, al curso de “propietario de seres sintientes”, porque los animales, en la nueva ley, ya pasan a denominarse seres sintientes.

Me imagino que se crearán nuevos puestos de trabajo, como el de inspectores de mascotas secuestradas, porque habrá fuertes multas para aquellos propietarios que no las saquen con frecuencia a pasear. Sin inspectores eso resulta imposible, a no ser que creemos un “sindicato de vecinos delatores” para denunciar las infracciones.

Recuerdo en Londres que, al entrar en un restaurante, eras mucho mejor recibido si llevabas un perro en los brazos que un niño, pero España se va a poner en cabeza del buen trato “sintiente”.
He tenido tres perros a lo largo de mi vida. Al último le apliqué la eutanasia, debido a su estado, antes de que las tontas contemporáneas vinieran a legislar. Menos mal, porque si eso me sucede ahora, seguramente hubiera entrado en la cárcel.

Observo por la calle a dueños de mascotas que les pone abrigos para salir a pasear. Eso incita a que se les desprendan los pelos, porque no lo necesitan. Y hay niños descapacitados, que llevan meses sin que sus padres reciban la ayuda por culpa de una mala gestión administrativa. Y es que, lo vamos a comprobar, bastantes ciudadanos españoles van a vivir bastante peor que muchos hijos de perra.