Hasta el rabo todo es toro

Y cada centímetro de toro, cuenta. Me imaginaba más tranquilo a estas alturas de la temporada, pero el deporte tiene estas cosas.

Menos mal que no me da por el juego que, si no, hace un par de semanas hubiera apostado todo mi dinero a que la Segoviana y el Nava conservarían su categoría sin apuros y que el Atleti se quedaría sin Champions por primera vez en diez años. Perdón, Sr. Simeone, por el sacrilegio de dudar de usted.

Mi apuesta hubiera resultado peor que invertir en criptomonedas, y mira que me insistieron para que lo hiciera. Soy amante de la incertidumbre, pero no del riesgo azaroso.

Si la Gimnástica hubiese jugado sus tres últimos partidos utilizando el método cholista, seguramente esos tres hubieran sido, efectivamente, sus últimos partidos de la temporada. Pero queda uno más. Y si el Atleti hubiera ganado los 17 de 24 puntos posibles que ha perdido con los cuatro últimos (a excepción del Cádiz) de la clasificación, ahora estaríamos pelando la liga con el Real Madrid, como el año pasado.

Pero la realidad es única y eso está muy bien. Da igual cometer los errores antes o después; al principio o al final; en momentos esperados o inesperados. Da igual. Esto te exige ser, valga la redundancia, lo más exigente posible contigo mismo en cada entrenamiento, en cada partido, en cada punto. Porque la competición, como la vida misma, acaba poniéndote en tu sitio. Y espero que el sitio del Nava sea la Liga Asobal y el de la Gimnástica la Segunda RFEF, como la Champions es el del Atleti.