Hablemos de ‘todos’ los datos

Don Manuel Aguado era farmacéutico. En los primeros años de la década de los setenta me dio la asignatura de Física y Química. Como los buenos maestros, enseñó a sus alumnos a amar la disciplina que profesaba. Don Manuel establecía dos principios físicos que luego hemos podido aplicar a muchos órdenes de la vida: no se pueden comparar dos masas que no sean homogéneas y, entregados a las comparaciones, siempre es mejor realizarlas con números relativos antes que con absolutos. Don Manuel no debió de ser profesor de Pedro Sánchez. Él –el presidente, digo- que se lo perdió. Los gobiernos a veces cuentan el ganado por las patas que no por las cabezas. Y se quedan tan panchos.

Viene esto a cuento de la interpretación que se está dando oficialmente a los datos anuales –corresponden a 2021- de la Encuesta de Población Activa (EPA). Dicen: se han creado en el año pasado 846.000 puestos de trabajo con respecto al año anterior. No es mala cifra. Pero recordemos: primero, la referencia en la comparación es la de un año de cierre de la actividad durante buena parte de él –masas, por lo tanto, no homogéneas- y, segundo, todavía queda trecho por recorrer; fijémonos, por ejemplo, en el paro, que ronda el 13,3% (3.103.800 personas demandantes de empleo), una cifra que sigue siendo alta para un país europeo.

No se debe olvidar, tampoco, que a finales de diciembre todavía permanecían 102.548 trabajadores en ERTE

No se debe olvidar, tampoco, que a finales de diciembre todavía permanecían 102.548 trabajadores en ERTE, según fuentes de La Moncloa, y que, en estos dos años, 200.000 personas deben su trabajo al empleo público, que ha revertido el Ere que promovió el ministro Montero en plena época de austeridad y tras clausurar la tasa de reposición de los funcionarios. Y esto no resulta gratis. Vamos a salir, cuando salgamos, de la pandemia con 400.000 millones de mayor deuda pública, una leve circunstancia que no hay que olvidar porque habrá que pagar algún día.

En concreto, es un 6.6% menor, algo que los corifeos de la acción gubernamental parecen olvidar

Como tampoco hay que desdeñar –y personalmente creo que es uno de los indicadores más preocupantes- la paradoja que supone que aumentando como ha aumentado el número de trabajadores con empleo, la productividad en nuestro país haya descendido con respecto a los años precedentes a la pandemia. En concreto, es un 6.6% menor, algo que los corifeos de la acción gubernamental parecen olvidar. Hay otro dato significativo: las horas de trabajo aumentan más que la actividad, hecho insólito en una economía moderna y que no augura nada bueno sobre la competitividad de la empresa. Salvo que se deba la disminución al peso de la contratación pública.

No hay que ser muy avispado en lides económicas para pensar que en esta crisis no se podía actuar con los parámetros de la anterior, y que la austeridad de ayer tenía que cambiar por políticas expansivas en lo público. Nada que objetar. Todo lo contrario. Son criticables, en cambio, las alharacas oficiales cuando la situación, todavía, es la que es y el futuro sigue mostrando algunas incertidumbres relevantes.