Guerra sin un final previsto

El resurgido patriotismo en la lucha ucraniana contra la invasión rusa, provoca nuestra admiración y un cierto asombro por la seguridad que muestran en la victoria y el valor inquebrantable de los soldados y reclutas ucranianos de todas las edades, decididos a defender su patria de un enemigo militarmente muy superior.

En España, donde esta forma de patriotismo es débil, se piensa que para eso contamos con ejércitos profesionales a los que les pagamos para que llegado el caso no tengamos que tomar las armas nosotros mismos para defendernos, y dejemos la defensa en manos de personas que ejercen la profesión de soldados. Pero esto no siempre es suficiente. Ucrania es un claro ejemplo, con toda la población implicada en defender su libertad.

Sea porque España está lejos del conflicto o por su menor dependencia energética, lo cierto es que para la población española la guerra no está entre sus principales preocupaciones. No obstante, la guerra de Ucrania ha logrado que el 47% de los españoles sea favorable a aumentar el presupuesto de Defensa, según uno de los últimos barómetros del CIS.

Por el momento España apenas supera el 1% del PIB en gasto militar. Para llegar al objetivo establecido en la cumbre de la OTAN, celebrada los días 29 y 30 de junio en Madrid, del 2%, España debería destinar unos 12.000 millones de euros más de lo que asigna actualmente, lo que sería prácticamente duplicar el presupuesto hasta llegar a los 26.000 millones.

El Consejo de Ministros aprobó a primeros de julio cumplir con este objetivo antes de 2029, asunto que ha creado revuelo entre los socios de gobierno de Unidas Podemos. Alegan que hacerlo es obedecer órdenes de la OTAN, que para ellos son órdenes de EEUU y que todos los miembros de la OTAN son sus esclavos.

La OTAN se fundó en 1949 para proteger a sus miembros de la URSS durante la Guerra Fría, que en 1956 invadió a Hungría para reprimir un movimiento espontáneo de alcance nacional contra el gobierno y las políticas impuestas por la URSS. Entonces, el pueblo húngaro había solicitado la libertad necesaria para elegir su propio sistema político.

La URSS invadió Hungría con 31.550 soldados y 1130 carros de combate. Más de 2500 húngaros y 722 soldados soviéticos perecieron en el conflicto y unos 200 000 húngaros huyeron en calidad de refugiados.

Luego vino en 1968 la invasión de la URSS a Checoslovaquia para poner fin a la Primavera de Praga, ocho meses en los que se intentó construir un socialismo en libertad. Y ahora en 2022 la invasión a Ucrania.

Parece que todos los que admiran dictaduras como la de Cuba, Siria o Venezuela, no conciben que la gente esté en contra de sus regímenes y desee expulsar a sus dictadores. Cuando eso ocurre, es de inmediato señalado como una agresión de EEUU y sus “siervos” en la OTAN. Ningún miembro de la OTAN ha invadido a sus vecinos en Europa.

La invasión de Rusia a Ucrania demuestra la vigencia de los objetivos de la OTAN. Un conflicto que además de las miles pérdidas humanas y la amplia crisis energética, corre el riesgo de llevar a más de la quinta parte de la humanidad a la pobreza. Ucrania y la Federación Rusa proporcionan el 30% del trigo y la cebada del mundo, una quinta parte del maíz y más de la mitad del aceite de girasol.

Cuando el presidente ucraniano partidario de Moscú fue destituido por las protestas multitudinarias de febrero de 2014, Rusia respondió anexionando la península ucraniana de Crimea y organizando guerrillas separatistas en Donetsk y Luhansk. Rusia, para iniciar la invasión, reconoció a las dos autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Luhansk como Estados independientes, pero no le pareció suficiente lanzando la invasión contra toda Ucrania.

España tiene que hacer lo necesario para asegurar que Europa continúe siendo libre y democrática. No es recibir órdenes de nadie, es sentido común para detener al agresor y las dictaduras con sus apologistas. Y para eso, España debe destinar los recursos necesarios acorde con las amenazas que puedan poner en peligro su vida cotidiana o su ser en el ámbito internacional.