Grau: el polímata de Segovia

La obra de Mariano Grau se caracteriza por un continuo acecho, oteo, venteo y captura del tiempo. Por desgracia, no puedo atribuirme este exacto análisis literario puesto que pertenece a Alfredo Marqueríe. Lo escribe en el prólogo de la agradable novela Yermo florido, en la que percibo cierto aire de autobiografía, si no la que fue, sí la que pudo haber sido. El gran Marqueríe no cita otra de las características de la obra de Grau: la fidelidad absoluta que el polímata tiene hacia Segovia. Lo que, convendrán ustedes, es una gran virtud. En Yermo florido está el mejor Ramón de El secreto del Acueducto; pero también –párrafos cortos, descriptivos; diálogos, justos los necesarios – del Azorín de Pueblo, de Los Pueblos, de Doña Inés. La edición que leo de Yermo, sencilla y manejable, es de 1943 y está impresa en los talleres tipográficos de la segoviana Librería Herranz.

Eso significa que Grau es un magnífico escritor, y también un excelente poeta.

Incorporo también en este recorrido sobre la obra de Mariano Grau, uno de los libros más citados entre los suyos: Segovia cinta en tecnicolor. Hace un par de meses se cumplió el octogésimo aniversario desde que su impresión, promovida por la Universidad Popular Segoviana, se realizó en los talleres de Carlos Martín. Dudo, porque no estoy seguro, que en esa época se conociera cine en tecnicolor en Segovia. Grau propone un recorrido cinematográfico intramuros la ciudad, aunque en el último rollo –capítulo- efectúa una mirada a los lejos, concretamente “bajo el tumor bermejo del Terminillo”. Segovia en perspectiva, regodeo en lontananza en eso que se viene a decir paisaje urbano. El marqués de Lozoya sabe de qué se trataba. También Grau. Otros quizá no tanto. Allá ellos. El escritor utiliza la pluma como si fuera una cámara cinematográfica. Pocas veces, callejeando, la mirada se eleva. Quizá al segoviano le falte elevar la mirada, ahíto como está de tanta belleza cotidiana. Grau lo hace. Dieciséis años después de que lo contara, en un recorrido nocturno, Julián M. Otero. Le falta la magia, el color, el sabor, la textura, del libro de Otero, pero su castellano es magnífico. Y, en ocasiones, las imágenes también. Digo una: “El ábside de la catedral recorta en el azul la alameda de sus agujas desveladas”. Y otra: “Las torres hurgan el vientre del cielo”.

Eso significa que Grau es un magnífico escritor, y también un excelente poeta. Creo que Dintel (edición de la Universidad Popular Segoviana. 1935) es uno de los grandes libros de la poesía segoviana de la preguerra (Mariano Grau nació en 1909: fue un epígono de la pujante Generación de 1920): poesía romanceada, machadiana, sin concesión –ni la más mínima-, a las vanguardias en un tiempo -1926-1932- de efervescencia vanguardista. Pero algunos poemas son destacables, como el dedicado a la catedral, que también repite en Segovia cinta en tecnicolor. A quien se acerque a la obra de este estudioso de nuestra ciudad, recomiendo también Polvo de archivo. Lo dicho. Grau: polímata de Segovia.


Ficha técnica

Dintel. Poemas
Universidad Popular Segoviana
Segovia, 1935