Gran Hermano

En el año 2000 se emitía por primera vez en España el programa Gran Hermano, cuyo éxito fue rotundo. Nada más y nada menos que un 51,2% de share de media siguieron las 16 emisiones del conocido programa. Un formato que consiste en una cierta cantidad de participantes (entre 12 o más), que conviven dentro de una casa, totalmente aislados y con cámaras vigilándolos durante las 24 horas del día dentro del lugar.

Esto mismo pero sin cámaras, nos sucede hoy a millones de personas.

Desde el nacimiento de las redes sociales en el año 1997 con la primera red social Sixdegrees hasta hoy, hemos sido imbuidos y dirigidos hacia un sistema de silenciosa pérdida de libertad y controlados como nunca hasta ahora, en una entrega “voluntaria” de todos nuestros datos, que utilizan para usarlos indiscriminadamente.

Hoy plataformas como Facebook, dueña de Messenger, Whastsapp e Instagram, cuentan con una red de seguidores entre todas las plataformas de más de 5.800 millones de seguidores, siendo Facebook la red social con más seguidores del mundo con un total de 2.500 millones de seguidores.

Una red social que sabe absolutamente todo de nosotros, gustos, pensamientos, intereses, estado, posición, etc.. y que “voluntariamente” entregamos para que dicha red pueda utilizarlos e influir y dirigir en nuestras vidas.

Toda esta información es oro para estas empresas, porque el comercio no trata sobre mercancías, trata sobre la información. Con la información diriges y manejas el mundo.

Así, empresas como Facebook, Google, Amazon y Apple forman parte de las llamadas Big tech tecnológicas que dominan el mundo y nos controlan, a las que podríamos añadir también a Youtube y Twitter.

Es más existe un comité de investigación por parte del Congreso de EEUU que ha determinado que estas empresas se equiparan a lo que algún día fueron los magnates del petróleo o ferrocarriles.

Todos sabemos lo ocurrido con Donald Trump, al haber sido censurado y amordazado mientras el ayatolá iraní Ali Jaimenei o Maduro no los son.

Las redes sociales no tienen derecho a implantar un régimen de censura a la libertad de expresión. Es preocupante el desarrollo de las redes sociales, que están afectando a la vida privada y al derecho a la intimidad, y debería crearse una autoridad independiente para regularlas.

Por ello entra en juego nuestro don más preciado que es la libertad, y que, con este mal uso de las redes se llega a calibrar el uso de nuestra libertad, orientándola equivocadamente hacia los intereses que ellos precisan, apartándola del verdadero fin que es ser verdaderamente libres para actuar, pensar y decidir.

Nadie puede elegir por nosotros, he aquí el grado supremo de la dignidad en el ser humano, que por nosotros mismos, y no por otros, deberíamos elegir con libertad nuestro bien.

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(*) Diputado de VOX por Segovia.