Goles, goles, goles

Hace unos días se comentó que en un partido de futbol categoría benjamín el Madrid ganó por una diferencia de 31 goles, y se planteó la disyuntiva de si esto se puede permitir.

Para mí el debate se centraría en el modo en el que se consiguieron esos goles, en la actitud del entrenador y los jugadores del equipo ganador; si los goles se lograron porque un equipo fue mejor que el otro no veo mayor problema.

Pienso que los jugadores en estas categorías lo único que quieren es jugar, y son otros agentes los que se preocupan por el resultado, lo cual denota que no solemos ver más allá del mismo, lo ponemos como lo esencial y esto en estas categorías de formación no tiene que ser el elemento fundamental.

En una etapa formativa los resultados son la consecuencia del aprendizaje y no al revés. Jugar, aprender, socializar son aspectos esenciales.

Cuántas veces hemos visto jugadores prometedores en categorías inferiores que no han triunfado porque se olvidan de seguir aprendiendo. Se habla de cómo los niños pueden frustrarse si reciben goleadas y abandonar el deporte, pero solo será así si no se han trabajado correctamente los motivos intrínsecos anteriormente explicados. De hecho, la frustración se suele producir por aquellos que rodean a los niños y no en ellos mismos.

No se trata de evitar las goleadas sino de conseguir que el niño aprenda en cada partido y situación. Una derrota puede mejorar incluso sus niveles de resiliencia si es bien gestionada, y no podemos tampoco ponerles las cosas demasiado fáciles, ya que una parte de la motivación es la superación de retos y dificultades.