Fuencisla Álvarez Santo – Reconocimiento a la labor educativa

Soy profesora de Física y Química y trabajo en el IES Ezequiel González de Segovia. Ahora en casa. Días difíciles también para los docentes, a los que un día nos dijeron el lunes te quedas en casa, pero sigues dando clase. Lo que llamamos arresto domiciliario se convirtió así en arresto educativo. Y entonces hubo que reinventarse y construir sin instrucciones un nuevo instituto, ahora virtual, donde todo está siendo difícil y diferente.

Reconocer la labor del profesorado en todas las épocas es una asignatura pendiente. Nuestra influencia en la sociedad es determinante, pero pocas veces se ve el trabajo que hacemos. Ahora tampoco, ahora menos: nos sentimos así, perdidos en el laberinto digital y grandes olvidados.

Pienso en la salida de la pandemia y en mis compañeros preocupados, incomprendidos y exhaustos al otro lado de la línea. Pienso en un esfuerzo titánico por llegar a todos, mientras las familias se arman de paciencia para aparentar normalidad en dosis diarias de rutina de aulas encerrada en casas.

A todos, esta sociedad nos debe también un aplauso, un brindis. A esos miles de profesoras y profesores que damos clases en plataformas con contraseñas improvisadas. A los que se olvidan del día en que viven y siguen contestando y recibiendo mensajes sin horario. A los que suben documentos a la página web a las cinco de la mañana para que no se caiga la red. A los que se levantan a las ocho para enviar tareas y esperan hasta las nueve de la noche a que les llegue la respuesta. A los que se siguen ilusionando con la explicación del siguiente tema. A los que proyectan su frustración en reuniones on line. A todos los profesores que habéis llamado con vuestros teléfonos sin importaros el precio. A los que os levantáis a primera hora para las clases virtuales, que contestan despeinados y en pijama. A las familias de los enseñantes, que soportan sin rechistar las horas robadas. A todos esos locos, volcados para sacar adelante a los hijos de otros, que en este confinamiento aprenden lo más importante, lo que nunca les habríamos podido enseñar: cómo la vida se impone, cómo la solidaridad de todos hace crecer la humanidad.

Hoy levanto mi copa por mis compañeros y compañeras del Ezequiel, pero también por los de todos los institutos y colegios. Siento orgullo como persona, pero también como docente. Orgullo de la educación pública, de los profesores que la construyen, y de las miles de familias que comprenden y se suman, que se dejan la piel en seguir las lecciones, educando hoy a los ciudadanos de mañana. Será el futuro quien nos reconozca. ¡Salud! #yodelezequiel.