Fuen de Andrés – Experiencia personal de una trabajadora del Hospital General

Cuando alguien no relacionado con la Sanidad habla de las personas que trabajan en un hospital, generalmente solo piensa en médicos y enfermeras, pero un hospital está formado por un gran número de profesionales, sanitarios y no sanitarios, que tienen que trabajar conjuntamente para que todo salga lo mejor posible.

Yo trabajo como personal no sanitario en el hospital de Segovia. Mi experiencia durante esta pandemia más o menos se puede resumir así:

A finales del mes de febrero ingresó en planta el primer paciente COVID 19 de Segovia.

Poco a poco fueron llegando pacientes que ingresaban en planta, casi todos con neumonía y neumonías bilaterales.

La semana del 9 al 15 de marzo, los buscas de los médicos no paraban de sonar. Todos los trabajadores del hospital empezábamos a tener muchos nervios y miedo a lo desconocido, en el fondo nadie estábamos preparados para esta situación.

Cada vez que sonaba un busca, se hacía un gran silencio, como dice una de mis compañeras, aprendimos a hablar y a entendernos solo con nuestras miradas.

Los pacientes no paraban de llegar al hospital y todo el mundo nos dimos cuenta de lo que se nos venía encima. El personal de mantenimiento empezó a trabajar para adaptar lo más rápido posible la Unidad de Reanimación para convertirla en una UVI-Extendida.

El COVID no entiende de categorías laborales, solo entiende de personas a quien contagiar, por eso como dice una amiga y gran profesional de enfermería, “según en el servicio en el que trabajes, hay que equipar a todo el mundo, independientemente de la categoría laboral que tenga, con equipos de protección (EPIs)”. A mediados de marzo, algunos de mis compañeros ya empezaron con síntomas de contagio, pocos días después yo también empecé con síntomas y no pude ir a trabajar. Según pasaban los días muchos de mis compañeros también se contagiaron y tuvieron que quedarse en casa.

En el servicio de urgencias no había tregua, los pacientes no dejaban de llegar. El hospital se llenó rápidamente, todas las plantas con pacientes COVID, y como consecuencia se llenó la UVI y también Reanimación (que se había convertido en una UVI-Extendida que atendían los anestesistas). Todo el personal sanitario, no sanitario, servicio de seguridad, personal de limpieza y la UME, trabajaban al 200 % intentando ayudar.

El Hospital estaba totalmente lleno, y se habilitaron rápidamente zonas para instalar camas, como el gimnasio de rehabilitación, el salón de actos o la cafetería del hospital. Cualquier sitio era bueno para instalar una cama para poder salvar una vida.

Pero llegó un momento en que el que había más pacientes que camas. En ese período se tuvieron que tomar decisiones muy difíciles, decisiones que los profesionales que las tuvieron que tomar no olvidarán nunca.

Las personas que estábamos enfermos en casa, vivíamos con impotencia todo lo que estaba pasando en nuestro hospital, teníamos preocupación por tener un virus desconocido para todos y del que no sabíamos cómo iba a evolucionar, pero a la vez estábamos deseando volver para poder ayudar. Nuestros compañeros estaban preocupados por nosotros y nos llamaban o nos enviaban mensajes constantemente. La primera pregunta siempre era: Hola qué tal estas, qué tal respiras?. Algunos de mis compañeros tuvieron que ser ingresados en el hospital, varios en la UVI y desgraciadamente no todos pudieron superar esté maldito virus.

Yo pude volver a trabajar en abril, y me sorprendió el silencio que había en cualquier zona del hospital, impresionaba el silencio.

La UVI y reanimación seguían llenas y todas las camas del hospital estaban ocupadas por pacientes COVID. Las salas de espera de las consultas estaban vacías, nadie hablaba, solo nos mirábamos.

Poco a poco la situación ha ido mejorando, el número de pacientes COVID que vienen a urgencias ha disminuido y el hospital está intentando volver a la normalidad. Pero no hay que bajar la guardia porque desgraciadamente esto no ha terminado. Cuando salimos a la calle tenemos que ser responsables para evitar los contagios.

No quisiera despedirme sin agradecer la generosidad y solidaridad de la gente anónima que ha donado a nuestro hospital y a las residencias de ancianos: mascarillas, guantes, batas hechas con bolsas de basura, batas de peluquería, manguitos protectores, pantallas de protección para la cara, sujeta-mascarillas para proteger las orejas, botellas de agua, cremas y geles hidroalcohólicos, leche, chocolate, batidos de frutas, dulces etc, Nos han donado respiradores, ecógrafos portátiles, camas para los enfermos y un montón de cosas más. Jamás les agradeceremos lo suficiente cómo se han portado con todos nosotros.

Esta guerra todavía no ha terminado, ahora es el momento de seguir remando todos en la misma dirección para salvar al mayor número de personas, de ser responsables con nuestros actos y salidas para evitar el mayor número de contagios.

Cuando todo esto termine será el momento de pedir responsabilidades, de preguntar por la falta de sentido común, de previsión y de la toma de medidas tarde, porque eso de que no se sabía que esto iba a suceder no es válido para alguien que gobierna un país o una comunidad autónoma. Su trabajo es saberlo. Hemos ido por detrás del virus en todo momento. Será también el momento de aclarar todo lo que ha pasado en las residencias de ancianos públicas y privadas, de saber el número de muertos reales de esta pandemia y de tantas y tantas cosas.

Ningún político ha estado a la altura (con independencia del partido al que pertenezcan), y lo triste es que ninguno se siente responsable por las imprudencias que han cometido y por la falta de unidad que han tenido.

Si nuestro país ha sido capaz de quedarse en casa durante tantos días, esperemos que sirva de ejemplo para que los políticos, aunque sea por una sola vez, sean capaces de ponerse de acuerdo y de tomar rápidamente soluciones, para dotar a los hospitales y centros de salud de personal suficiente para atender a los pacientes y para aumentar los ratios de personal para atender a nuestros mayores que viven en las residencias, tanto públicas como privadas, que son insuficientes desde hace muchos años.

Cuando la salud de los pacientes y los cuidados a nuestros mayores se convierten en un negocio, siempre van a salir perdiendo las personas que requieren esos servicios.

Hoy una compañera del servicio de limpieza estaba muy disgustada, porque había fallecido una compañera del Hospital de Fuenlabrada y no la habían incluido en la lista de sanitarios fallecidos en esta pandemia porque consideraban que “su trabajo era de baja cualificación”. Desconozco quién ha tomado esta decisión, pero de lo que estoy seguro es de que el servicio de limpieza de cualquier hospital ha contribuido en la lucha contra el COVID mucho más que las personas que gestionan esta lista.

En un WhatsApp leí algo parecido a esto: Hasta que el paciente grave o el muerto no sea de tu familia, no darás importancia a este virus. Por favor seamos prudentes y sigamos remando todos en la misma dirección.


(*) Auxiliar administrativo Hospital General Segovia.