Fructífera visita al año 1894 en el túnel del tiempo

Verán. Aprovechando que un ramal del ‘túnel del tiempo’ pasa por aquí, al ladito, me enganché a la plataforma tres y me fui a dar un paseo mañanero, para mejor conocer. Me quedé en 1894 y por la tarde regresé en la plataforma cinco. Estas son, reflejo del viaje, algunas de las notas de las ‘conversaciones’ mantenidas con gentes que se quedaron al otro lado del túnel por diferentes circunstancias. Incluida, pero poquito, la edad.

Atentado.-Se cumplen ciento veintisiete años de un hecho luctuoso ocurrido en la localidad de Fuenterrebollo. Cuando el alcalde, Bruno Sacristán, salía de su casa por la mañana, al abrir la puerta hubo una fuerte detonación que la causó graves heridas en brazos, cabeza y piernas, falleciendo al día siguiente. Tras el operativo de búsqueda, la Guardia Civil detiene de seis personas bajo sospecha de haber intervenido en la acción. Los primeros informes no determinan si el explosivo fue un cartucho de pólvora o una bomba de dinamita.

El luctuoso hecho tiene fecha de 7 de marzo de 1894. Un año antes se habían celebrado elecciones para Diputados al Parlamento, en las que Sacristán hizo campaña. Al respecto se comentaba en el pueblo que las elecciones referidas ‘le habían traído muchas enemistades’. También había desempeñado el cargo de Juez en la referida localidad, estando en posesión de la Cruz de Isabel la Católica.

Ruina.- Los presupuestos de los ayuntamientos –me contaron-, se confeccionaban anualmente. Verbigracia: de un año ‘pa’ otro. Muestra de la ruina en la que vivía el ayuntamiento de la ciudad, la detallo a continuación:

Capítulo total de ingresos: 28.889,50 pesetas.

Capítulo total de gastos: 108.643,61 pesetas.

Así, peseta arriba, peseta abajo, caminaban cada anualidad.

Ocupaba el asiento de alcalde, solo a título informativo, también tangencial, el señor Martín Higuera. La capital contaba con alrededor de 14.500 vecinos. Con esos medios, mucho, lo que se dice mucho, no se podría hacer.

Corolario.-Los miembros de las corporaciones no recibían sueldo, dieta, estímulo ni ‘donativo’ alguno. Tema también tangencial, por supuesto.

Vacunas.- Los doctores en medicina Sinforiano Acinas (oculista) y José Ramírez Díaz (enfermedades de niños y de la mujer), abrieron, por su cuenta económica y riesgo, un ‘Instituto de Vacunación’ con domicilio en la Plaza de San Martín 5, donde, además de ‘clínica’ privada, también atendía consultas públicas y gratuitas de enfermedades de la vista de los niños y niñas. En ese mismo camino se vacunaba sin ningún cargo económico, a quienes acreditaban pobreza, para lo que se pedía la firma (información) de un médico o alcalde de barrio. Realizaron una gran labor en la ciudad.

En defensa del salario.- El Real Patrimonio, que para el trabajo por cuenta ajena fue desde su ubicación en La Granja empresa necesaria, tomó la decisión aquel año de dar por finalizados los trabajos que obreros del lugar venían realizando. Por tal motivo se producen desórdenes en la población. Los trabajadores, que saben de la escasez de puestos, buscan un interlocutor con quien dialogar. El Ayuntamiento (ahí te quiero ver ayer, hoy y siempre), con su alcalde, Armengol, al frente, se implica. Abrió línea directa con el Patrimonio -‘aquí no se levanta nadie sin llegar a un acuerdo-’… Los trabajadores regresan al tajo.

Suicidio.- En un pozo de la ciudad, vivienda ubicada en Plaza Mayor 1, aparece el cadáver de una sirvienta; alrededor de 30 años de edad y natural de la localidad de Arahuetes. La fallecida llevaba muchos años al servicio de Mariano Quintanilla, dueño de la vivienda referida. El viernes anterior había sido despedida del citado domicilio, lo cual, según se dice, produjo en la sirvienta tan gran sentimiento, que decidió suicidarse, arrojándose al pozo, donde permaneció no menos de siete días.

Mal sabor.- Ferias y fiestas de la ciudad. Desde el Ayuntamiento, poca ‘pasta’, mucha idea, sitúa entre los festejos un concurso de tortillas que se desarrolla en la Alameda. Con la exclusiva se queda un industrial de la ciudad. Hubo protestas de los comensales. Pese a indagar entre los que probaron cómo era el sabor, no llegué a entenderlo. Tuve que esperar a me dieran la nota final: ‘Tras comprobar lo expuesto en las protestas, este ayuntamiento ha impuesto una multa de 50 pesetas al industrial ‘tortillero’ (1) por no reunir las tortillas las condiciones debidas’.


(1) Tortillero/a: persona que por oficio hace o vende tortillas. Hay más acepciones, pero no vienen al caso.